De los Nevados a Socopó caminando.

Los Nevados es un imponente pueblito de Los Andes merideños al que se accede únicamente en rústico, por una carretera sin asfaltar y de infierno, si de precipicios hablamos. Nosotros hicimos la mayor parte del tramo en la noche, así que la impresión se redujo considerablemente. También se puede acceder caminando o en mulas desde la cuarta estación del teleférico de Mérida, por un sendero principalmente en descenso el cual se tarda unas 5 horas en completar. Lamentablemente el teleférico se encuentra acutlamente cerrado por mejoras. Los Nevados un pueblo típico Andino a unos 2.700 m.s.n.m (parece que en cualquier momento te va a salir Marco con su mono Amelio) de espectacular belleza, tanto por su situación y enclave como por su arquitectura. Las personas son muy amables y atentas, sin embargo, lejos de encontrarte con Marco, lo que uno encuentra, por desgracia, son bastantes motos y un uso de las mismas que rompe un poco con la estética y la paz del entorno.

Nosotros llegamos en la noche. Éramos los únicos que esas dos noches se alojarían en la Posada Miguel Castillo, por lo que la señora que nos atendía nos invitó a hacer las cenas y desayunos en su propia casa, dos casas más abajo de la posada. Una buena manera de integrarse en el pueblo y de conocer un poco más de cerca a sus gentes. Las dos noches que pasamos allá coincidió con el paseo a la Virgen (varios días previos a la navidad, cada noche la Virgen duerme en casa de uno de los habitantes del pueblo). La primera noche, la Virgen llegaba a casa de nuestra anfitriona acompañada de músicos y vecinos.

El cansancio y el frío de la primera noche nos invitaron a cenar y a meternos directamente después en la cama bajo varios kilos de mantas. Esto nos permitió despertar con la llegada del sol y la luz  y disfrutar de un espectacular día por la zona.

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La excursión elegida para el día que dedicamos a los Nevados fue la Quebrada de la Media Luna. Una buena forma de aclimatarse a la altitud y al frío. Para ello tomamos el sendero que conecta Los Nevados con la cuarta estación del sistema teleférico de Mérida hasta llegar al valle donde se encuentra la naciente de la quebrada. Nos tomó unas dos horas en cada sentido, y para el regreso tomamos un desvio en un sector conocido como “El Barro” el cual nos permitió ascender a una bonita cresta montañosa desde donde pudimos tener unas muy buenas vistas del pueblo.

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Después de la excursión dedicamos el día a integrarnos un poco con las personas del pueblo. Cervecita en el bar, probar el famoso calentadito, un miche a base de anís y hierbas que se toma caliente, etc.

1º DÍA DE TRAVESÍA POR EL CAMINO REAL DEL QUINÓ: DE LOS NEVADOS A BOCA E MONTE

Para el primer día de travesía, en el cual pasamos las tres cuartas partes subiendo, contratamos un baquiano y a su “bestia” (mula), para que llevara nuestras mochilas. Generalmente tienes la opción o de contratar una mula para carga y otra para tí o sólo para carga. Nosotros decidimo hacerlo caminando así que nos quedamos sólo con una.

Salimos sobre las 8 de los Nevados, el primer tramo es una fuerte bajada hasta el río, para luego comenzar a subir, y subir y subir. El camino ancho entre campos sembrados se convierte en un zig zag estrecho entre frailejones, muy útiles y suaves para sonarte la nariz cuando el papel higiénico en todas sus variedades escasea en el país. La temperatura cambia, comienza el frío y la niebla que de vez en cuando te permite contemplar el pico “El León” y el pico del Toro. En la parada para almorzar fuimos atacados por un grupo numeroso de tábanos. El camino duró en total unas 6 horas, tranquilas, tomando fotos, prácticamente sin carga, simplemente disfrutando.

Hubo fuertes cambios de vegetación y clima. Había momentos que me recordaban escenas de películas en selvas colombianas de cultivos de coca, otros, en los que parecía que en cualquier momento te ibas a encontrar de frente con un oso frontino…

Cuando ya empezaba uno a querer llegar a su destino, se abre un claro en el camino donde aparece un pequeño refugio, donde pondremos nuestra carpa para pasar la primera noche, el lugar es conocino como el campamento Boca e´monte y está a unos 3000 m.s.n.m. Allí nos despedimos de Nicolás, nuestro baquiano y sus mulas, puesto que lo contratamos sólo para el primer día. Nos instalamos, montamos la carpa, nos pusimos ropa limpia y encendimos un pequeño fuego. Fuimos en busca de algo de agua, puesto que donde teníamos que haber rellenado las botellas no lo hicimos… A quienes quieran hacer está excursión les aconsejamos tengan esto en consideración. Una vez que se llega a la cima del Páramo, a unos 3450 m.s.n.m es dificil encontrar agua limpia. El refugio de Boca e´ Monte cuenta con unos pocitos, donde el agua es todo menos cristalina, pero hervida y para cocinar nos servirá (estos “pocitos” suelen estár secos entre febrero y abril). Para beber aún nos quedaban unos dos litros.

Preparamos una suculenta y grosera sopa de sobre a la que le añadimos garbanzos, fideos, vegetales y cualquier cosa que lleváramos encima para resultara en un alimento nutritivo. Completamos al cena con un calentadito que nos templó el cuerpo y la mente antes de retirarnos a dormir a más de 3000 metros de altitud.

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2º DÍA DE TRAVESÍA: DE BOCA E MONTE AL QUINÓ

Amaneció húmedo y no tardo en comenzar una llovizna, a ratos más suave, a ratos más fuerte, que nos acompañaría durante las siguientes 4 o 5 horas.

Tras desayunar, no tanto, porque después de la cena de ayer, de verdad que no quedaba mucho hueco, desmontamos campamento y nos alistamos bien para comenzar lo que en un principio pensábamos sería una suave caminata de unas 5 horas, eso sí, cargados con los morrales. (Fabricio había hecho en una ocasión este camino, y ese fue el tiempo que tardó, sin embargo, hubo alguna cuestión con la que no contamos…. él fue en época seca, y llevaba mula para la carga…)

Nuestra realidad fue otra. Largas lluvias y suelos mayoriatariamente embarrados. En los primeros momentos uno busca el hueco por donde pasar, luego simplemente el hueco donde menos se le hunda el pie, siempre será mejor que el barro te llegue al tobillo que a la rodilla. Pero esa fue la dinámica durante 7 horas de 8 que duró en total la travesía de ese día.

Justo al lado del campamento vimos en la mañana una huella. Al principio pensamos que era de un oso frontino, pero por lo visto nos han informado que es de un puma. Y pensar que andaría merodando en la noche… menos mal que el cuerpo siempre tan inteligente no nos indujo ganas de ir al baño en plena noche.

Desde el comienzo nos adentramos en el bosque húmedo nublado tropical, un ecosistema realmente espectacular, brillante, que a uno le deja mudo, pese a lidiar con los barros y las aguas. Continuámos por ese bosque durante las 7 horas que tenemos barro. El estado de ánimo nos va cambiando conforme pasan las horas, cuanto más tiempo pasa, más cansados estamos, menos agua  potable nos va quedando, más pesa el agua de lluvia y la mojazón que llevamos, y menos entendemos cuanto falta y porqué aún no estamos. Durante un poco más de dos horas creíamos estar llegando, y cada minuto que pasaba aumentaba la angustia de uno. Es un bosque cerrado en muchos trozos, que te hace sentir tremendamente pequeño, combinado con zonas de grandes acantilados barrosos a pocos metros o centímetros de tus pies.

Particularmente recuerdo esta travesía como especialmente angustiosa sin llegar a estar mal. Pero necesitaba salir a un claro, ver un final, ver más allá de 5 o 10 metros por delante. Dura por la lluvia, el peso y el barro combinado por esa expectativa de estar llegando que lejos de cumplirse se vuelve causa de la ligera angustia.

Y entonces, cuando uno menos se lo espera, como si de una puerta se tratase, ahí está el claro, el final del bosque húmedo. Un enorme claro en lo alto que me hizo descargar adrenalina hasta el punto en el que mi morral dejo de pesar. Y uno cansando, mojado, con hambre y sed cree que ya ha llegado a su destino, que desde ahí ya lo ve, que ya ha terminado el duro día, y en plena excitación mira y remira  para todos los lados en busca de un pueblo llamado el Quinó, o una casa, o cualquier cosa que de fe de vida humana. ¿Y qué es lo que veo? Monte, más monte y sólo monte…

Y entonces el grito eufórico de Ya estamos Ya estamos Ya estamos…. termina con un frustrante … en el puto culo del mundo!!!

Esta vez sin embargo, para nuestra buena suerte, estábamos equivocados! En seguida veríamos un cartel que daría fe de nuestro acercamiento al humano, y consecutivamente una casa, una gallina, y por fín, un pueblo. Un poco mas allá de la Plaza Bolívar del Quinó, subiendo por una cuestecita llegamos a la Mucuposada “La Paragüita” donde pasaremos la noche.

Allí nos recibieron con café y panes, nos dimos una fría ducha y descansamos con una deliciosa cena, cerveza en mano, mientras debatíamos sobre nuestros planes… que ya habían cambiado dos o tres veces.

En un primer momento encargamos nos trajeran nuestro coche hasta el Quinó, luego decidimos hacer Nevados-Quinó-Nevados. Pero al ver la dureza del camino, decidimos seguir para adelante y hacer el camino completo, que acaba al pie del llano en Socopó.

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3º DÍA: DEL QUINÓ A SOCOPÓ. DOS ETAPAS EN UN DÍA

Finalmente decidimos terminar el camino completo, por lo que desde la Mucuposada del Quinó nos hicieron el favor de llamar por radio a Socopó, para que desde allí luego avisaran a quién tenía nuestro carro en Mérida para que alguien nos lo trajera a Socopó dos días después.

En el Quinó no hay señal de teléfono, y aunque hubo mucho tiempo un Infocentro con acceso a internet actualmente está cerrado por falta de presupuesto.

A partir de aquí el camino pega un cambio drástico. La conclusión al finalizar es que hay que hacer el camino real completo porque cada etapa es diferente y por lo tanto de diferente belleza. Ahora sería un descenso, con alguna subida pesada… hasta el llano con Socopó en cabeza. Esta etapa suele dividirse en dos días, ya que la siguiente noche se hace a mitad de camino en otra Mucuposada, pero como estaba cerrada en ese momento decidimos darle seguido, sabiendo que cargábamos la carpa en caso necesario.

El camino comienza bajando lo que luego de nuevo tendrás que subir, para volver a bajar… nadie se explica estas cosas cuando uno va cargado… Bajamos hasta el río Socopó dónde hicimos una primera parada para picar algo. Allí estuvimos jugando con unas mariposas muy sociables. Continuó el camino con una larga subida, y cuando uno dice larga, os aseguro que 3 horas seguro fueron. Ya comenzaba a hacerse interminable el asunto. Al finalizar la subida, llegas a la otra Mucuposada, la que nosotros dejaríamos pasar de largo. Alli en un río cristalino rellenamos nuestras botellas. Por el camino nos cruzamos con un chico y su bestia que iban al Quinó. Amablemente nos indicó donde quedaba su finca por si queríamos dormir allí en caso de no querer continuar.

Atravasemos varias fincas. En cada una preguntábamos cuánto quedaba para Socopó, siempre obteniendo respuestas muy variadas, ya que cada uno las da según su experiencia. Desde ese punto, el camino iba a ser más agradable, bajada constante con poca pendiente, salvo algunos tramos (con el peso las bajadas son duras también) y relajado, por un camino medio ancho con vistas siempre al punto de destino que se encontraba allá en lo bajo.

Nuestra principal preocupación era no llegar muy entrada la noche ya que Socopó es un pueblo- ciudad bastante grande, movido, algo feo y con relativamente mala fama. Sin embargo la noche empezó a entrar cuando ya nos quedaban sólo dos o tres km para llegar.

Poco después tuvimos la suerte de encontrarnos con un jeep – taxi que venía de dejar a gente en la finca por a que acabábamos de pasar y se regresaba al pueblo. Muy atento nos trasladó directos a una posada que él mismo nos recomendó y con gran acierto. La Posada Mana Eva, nos recibió cortésmente, nos prestó una batea y jabón para lavar nuestras zapatillas, nos dio la posibilidad irrechazable de lavarnos la ropa a la mañana siguiente, y nos ofreció una confortable habitación con agua caliente, jabones, toallas limpias, aire acondicionado, además de deleitarnos la vista con la buena elección en la decoración de la posada. Un lugar encantador, y sorprendente. Salimos a cenar, casi que ni podíamos andar tras 9 horas de caminata más los dos días anteriores.

A la mañana siguiente, después de recibir nuestro carro, emprendimos viaje de vuelta a Coro, donde pocos días después hemos comenzado a solucionar el tema del papel que nos falta para salir del país.

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Un comentario en “De los Nevados a Socopó caminando.

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