Capital de Colombia: Bogotá

Bogotá, capital del país, parada familiar, de paso, y de gestiones. También, como no, de visita cultural. Bogotá es una gran capital, y por tanto podemos encontrarlo todo: compras, gente, trabajos, comidas, barrios ricos, barrios pobres, centro histórico, museos, etc.

Es una ciudad que se mueve rápido y pareciera que día y noche. Nosotros tuvimos la suerte de quedarnos en cada de unos buenos amigos, como familia, en la que permanecimos casi 5 días. Dormir en cama por primera vez desde que arrancó el viaje. (Todavía no añorado)

Al llegar estacionamos el carro y nos olvidamos prácticamente de él, ya que es mejor moverse en transporte público.

El tiempo dio bastante de si, primero para compartir, un domingo en familia. Hablando, contando el viaje, intercambiando experiencias de países y paseando por la hermosa Candelaria. Un día relajado y familiar que siempre sientan bien.

El lunes la vuelta al cole y a las rutinas diarias nos llevaron a nosotros también a activarnos con alguna cuestión que esperábamos resolver en la capital. Teníamos pendiente asegurar de alguna manera la estantería donde va la ropa, ya que durante el viaje todo se mueve y se cae. Salimos de Coro con una solución demasiado improvisada: unas “lonas” con chinchetas que aguantaban sólo parte del recorrido. (Y por supuesto que esos trozos por camino de tierra para esquivar peajes no eran compatibles con cuatro chinchetas)

En Villa de Leyva nos recomendaron hacer ese trabajo en el barrio del Restrepo en Bogotá. En esta ciudad los gremios se agrupan por calles o barrios, y el Restrepo era el de tapiceros, costureros, zapateros y trabajos en cuero. Un barrio popular al sur de la ciudad al que tardamos en llegar alrededor de una hora en buseta (luego descubrimos que el transmilenio es mucho más rápido).

Cuando uno entra en el Restrepo lo primero que ve es gente en movimiento, y lo primero que respira es trabajo por todo. Un barrio lleno de vida en el que todo el mundo está haciendo algo. Fuimos preguntando en algunos sitios, y compramos los enganches y la cinta que necesitábamos para nuestro proyecto. Finalmente dimos  con dos hermanos que en seguida comprendieron qué y cómo lo queríamos. Así que se pusieron manos a la obra. Nosotros pasamos parte del rato charlando con ellos y otro tanto paseando y almorzando. Para redondear un día que estaba siendo delicioso pudimos degustar una comida típica igual de deliciosa pero en un restaurante de barrio con la gente del barrio. Y es que es un lujo disfrutar de un día como este. No hay nada mejor que salirse de lo turístico y además resolver asuntos pendientes descubriendo grandes cosas por el camino.

Resultado:  dos buenos compañero que hicieron un buen trabajo y económico. Nos dieron una tarjeta de transmilenio para que recargáramos y pudiéramos viajar en él de vuelta. Y el contacto de su familia que vive en Pasto, por si pasamos por allí. Una comida espectacular, un día como tal, en Bogotá. Y para ponerle una guinda al pastel, de vuelta a casa, decidimos parar en la Candelaria, para visitar el maravilloso museo de Botero. Maravilloso porque es gratis, pequeño, muy a la mano, y en él, además de grandes obras de Botero, encuentras grandes éxitos de la pintura: Monet, Picasso, Lautrec, Miró etc. Por si fuera poco, entramos a visitar la librería y allí se encontraban Almudena Grandes y Marta Sanz dando una conferencia que pudimos ver hasta el final. Ah! En esa racha de buenaventura pillamos las fiestas y procesión de la Candelaria. Un día hiper completo.

 

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Y es que con días así, uno adora las capitales tan llenas de vida como Bogotá.

Como el día se nos quedó cortó, decidimos alargar un día más la estancia y así visitar otra de las grandes joyas: El Museo del Oro. Es un lugar único que merece la pena visitar sin lugar a dudas. El día continuó con paseo va y paseo viene por la Candelaria, la plaza Bolívar, la compra de una olla exprés para nuestras cocinitas, y una conversa muy amena y productiva en la Oficina de Turismo de la plaza Bolívar, donde nos hicieron además, entrega de un par de guías de rutas por carretera en Colombia, que nos están resultando de gran utilidad.

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A mí, Ainhoa, personalmente no me gusta el clima de la ciudad, pero tiene un encanto especial. Ya había estado en el verano del 2012, y ya recuerdo que aquella vez me quedé más días de los previstos, en una especie de estar atrapada. Una ciudad que merece la pena visitar un tiempo, para convivir. Es decir, visitar con la idea de ser protagonista de su actividad, sus gentes y su cultura.

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