Otavalo – Laguna de Yahuarcocha, Ibarra, ECUADOR

1.Otavalo (40)

De la frontera hasta Otavalo, buscando, como cualquier otra persona que llega a Ecuador y se dirige a Otavalo, comprar algunos tejidos.

Famoso el pueblo por la venta, en un mercado, de bellos tejidos en diferentes formas: manteles, mantas, ruanas, etc. Elaborados en principio de forma tradicional por los indígenas de la zona, quienes llevan sus producciones a Otavalo para la venta en lo que se conoce como La Plaza de los Ponchos.

En nuestro caso, los tejidos tenían como objetivo protegernos del frío que íbamos a encontrar en el interior de Ecuador y para el que tampoco estábamos tan preparados.

En realidad, uno está allí y se lo llevaría todo, son bien bonitos, en todos sus formatos, pero como hay que ajustarse al bolsillo pues nos quedamos con lo imprescindible: dos mantas y dos ruanas, una para cada uno. Esos serán nuestros recuerdos de Ecuador.

En la carpa de techo dormimos casi como en una cama, así que queríamos dejar los sacos para urgencias y empezar a tener una cama digna y menos individualista. Ya teníamos las mantas, ahora faltaban las sábanas. Pero eso ya, será para más adelante.

Otavalo además es un pueblo al que le ha caído una buena inyección económica y está bastante cuidado y orientado al turismo. Cuando estás en él, sientes que todos los ecuatorianos son iguales, hay una homogeneidad en rasgos a la que no estamos acostumbrados. Son muy amables aunque hablan demasiado bajito, al menos para mi oído, y mi tono de voz.

El regateo es obligatorio, y a mi de pensarlo ya me daba pereza, en tiempos he sido muy buena, pero ahora no me veía en acción, menos mal que Fab estaba contento con la idea, y lo dio todo. Amiguita cuanto me ofrece…. 

Estuvimos en el atardecer de nuestra llegada con una primera toma de contacto, antes de irnos a buscar alojamiento. Las compras las reservamos para el día siguiente, con más tiempo y energía. Con una parada de descanso para almorzar, en el mercado del pueblo, el de frutas y verduras, por 1,75 cada uno: Jugo, sopa y plato de pollo con contornos.

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Para dormir queríamos alejarnos del centro urbano. Un poco a las afueras había dos o tres posadas con jardín donde seguramente podríamos acampar, y fuimos en camino a ver que no encontrábamos.

No nos gusta mucho hablar mal de un sitio, sino mejor no nombrarlo, pero cuando toca, toca, qué le vamos a hacer. El primer sitio en el que paramos Rose Cottage tenía a su favor las increíbles vistas. Pero en su contra casi el resto. Principalmente que no querría que nos quedáramos y la forma de demostrarlo fue dándonos a entender que sí, pero con un montón de pegas y un tono poco amigable. Estábamos estupefactos. Por otro lado, el sitio era realmente extraño, una mezcla de cursi con película de terror, en la que un matrimonio con un niño, todos rubio Johnsons, que se encontraban felizmente jugando al ping pong serían en realidad unos zoombies encubiertos. 3 Minutos después de irnos cuando ya habíamos procesado todo, nos alegramos de no habernos quedado.

Siguiente destino: Posada la Luna. Allí pasamos una noche, las vistas también muy bonitas, y con las comodidades de esperar de una posada aunque hagas camping, lo único que nos pareció  un poco costosa.

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Cansados un poco del frío o fresco, queríamos empezar a recorrer Ecuador por la costa. Nos regresamos por donde vinimos hasta Ibarra. Pasamos cuatros días en la Finca Sommerwind, en la Laguna de Yahuarcocha, una finca preparada para recibir motorhome y campers, regentada por dos alemanes. Es un lugar muy cómodo, uno se siente como en casa, y la amabilidad de la pareja ayuda a engancharte un poco en el sitio, y que te cueste mover. Cuando llegamos, llevábamos idea de pasar sólo una noche, ya que el día de compras en Otavalo se alargó y no queríamos ir a la playa de noche, sin embargo, sin darnos cuenta dejamos pasar cuatro días.

La finca está situada al lado de la laguna, un lugar donde se practica bastante deporte, un buen sitio para pasear con la bici, salir a trotar, comer pescado por dos dólares y poner un poco a punto el coche o cuestiones que se andan arrastrando.

Está muy bien porque además coincides con más personas que viajan como nosotros, y podemos intercambiar informaciones y opiniones, además de toda la información que nos facilitaron los propietarios.

La verdad es que hace ilusión cuando coincides con gente por el camino.

En Ibarra, donde aprovechamos de hacer algunas compras, tuvimos la misión sábanas. En realidad mucha misión tampoco… encontrar las más baratas y que estuvieran decentes, nada de lijas nocturnas. No tardamos mucho, compramos las matrimoniales y una almohada. Todo iba bien hasta que fuimos a ponerlas… eran pequeñas!! Cómo no habíamos dado en tomar medidas!! Ahí quedó nuestra ilusión, aunque pronto lo solucionaríamos.

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