Continuamos por Esmeraldas: Sua

Playa de Sua

Playa de Sua

Saliendo de las Peñas con dirección Sua, parada que uno no espera hacer pero pensamos que no estaría mal, teníamos entendido que había un camping, y después de estar de acampada libre siempre viene bien un sitio donde poder lavar ropa y alguna cosa más.

De camino paramos en Esmeraldas, donde pasamos parte del día para hacer unas compras. Necesitábamos una fuente de poder de 110v a 12v, que finalmente no encontramos y alguna tontería más, pequeñas cosas que van surgiendo durante el viaje para hacerte la vida más fácil. Un ir y  venir de una tienda a otra hasta que finalmente conoces la ciudad y te sientes como en casa.

Al llegar a Sua, un pueblo pequeño, principalmente de pescadores, nos alojamos en una especie de camping. Muy bien situados, enfrente del mar, y al lado del río, donde estuvimos prácticamente solos, poniendo a punto ropas y otras labores del viaje.

La playa de Sua es más bien pequeña, y no tiene un atractivo especial. La costa norte de España le da mil vueltas, pero no se estaba mal. Al lado del alojamiento, en un pequeño abasto, encontramos a Eugenio, un señor español que vive allí, con quien agarramos una pequeña rutina de pasar en la tarde a tomarnos una cerveza, comernos unas pipas o pepas como las llaman aquí, y conversar. Muy amable, simpático y atento, nos aportó varias informaciones de interés, y compartimos buenas risas con él. Incluso aprovechamos de ponernos un poco al día de la actualidad española, viendo las noticias de TV1. Para entonces Zaragoza estaba amenazada por el Ebro.

No es Sua un lugar de mucho comentar, salvo el buen pescado y barato, que compramos esos días. Llama la atención que todo está en venta, y que podría ser un lugar de mucho movimiento, sobre todo nacional, y sin embargo está bastante dejado. Un par de días intentamos comer por ahí, algo que durante el viaje nos estamos permitiendo bien poco. Queríamos probar unos platos de pescado con coco, plátano macho etc. que habíamos leído en la guía. Sin embargo, nos volvimos de manos vacías, o más bien, con un pez para cocinar nosotros. En lugar de esos suculentos platos, nos encontramos con pescado frito en aceite rancio y arroz blanco. En realidad había por ahí quien decía preparar esos platos, pero por 9 dólares en un puesto callejero, con el pescado bajo el revoloteo de las moscas… pues hombre, la verdad que no es lo que buscábamos.

Fueron 3 días tranquilos, de blog, trabajo, puesta a punto, y baños en la playa. Pudimos salvar la vida de un gatito que estaba siendo agredido por unos 6 perros callejeros. El tío aguantó el tirón, volaba por los aires, y sacaba las uñas. Que mal cuerpo, pero la historia acabó bien.

Y en eso quedó nuestra estancia en Sua. Siguiente destino… Mompiche!

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