Mompiche II: del desastre al hogar.

Nuestro hogar

Nuestro hogar

A pesar de la desastrosa llegada, si en un sitio de los visitados hasta ahora podemos habernos sentido como en casa, ese es Mompiche. Ya conocemos a casi todo el mundo, y nos movemos como pez en el agua, como Pedro por su casa, o como queráis llamarlo. Y es que a día de escribir este post cumplimos 3 semanas aquí. Y la idea es quedarnos dos semanas más, hasta después de Semana Santa, aunque eso nunca se sabe… Es la primera vez que el blog no va unos pasos por detrás de nosotros. Y los primeros días que hemos dado vacaciones a nuestras cámaras, por eso no tenemos tantas fotos. Y es que simplemente ahora estamos disfrutando del lugar, y de la vida aquí.

Y bien, hoy venía a hablaros de cómo el desastre se convirtió en hogar. El post anterior lo deje en la segunda noche, cuando aún teníamos idea de ir al estacionamiento de Portete a quedarnos unos días y luego seguir viaje. Amaneció pues ese día una furgoneta de dos argentinos junto con nuestro carro. Pronto hicimos buenas migas. Aunque ellos trasladaron su hogar a otra zona del pueblo al final de ese mismo día. Tras conversar y tomar café en la mañana, desmontamos todo y nos fuimos a Portete. ¿Cuánto pensáis que duró la idea de acampar allá? Si no recuerdo mal, desde que apagamos el motor, serían dos minutos. Tal cual puse mi pie en la hierba, como mil de mis queridas hormigas me picaron a la vez. Se que suena exagerado, posiblemente lo sea, quizá no eran mil sino treinta, pero que más da el número, cuando el dolor repentino es tan fuerte que ni si quiera te imaginas que hayan podido ser unas hormigas las culpables de ello. Ipsofacto tom-amos (é) la decisión de no quedarnos a dormir en tan bello potrero, nido de zancudos y comunidad hormiguera.

Lo que si hicimos fue pasar el día en la isla. Cruzamos con una lanchita que te lleva por un dólar porque llevábamos las mochilas con comida y unas cuantas cosas más. La playa es muy bonita, al menos lo que nos dió tiempo a ver. Íbamos muy cargados y tampoco recorrimos todo. Tenemos que volver con más calma. Allí nos encontramos después con los argentinos y anduvimos contando historietas mutuas de nuestros viajes mientras paseábamos y nos bañábamos. Un montón de palmeras en una playa inmensa le daba un aire bien bonito.

A nuestro regreso a Mompiche, ahora si queriendo volver…, decidimos quedarnos en el mismo sitio, ya que las vistas merecen la pena, pero retirarnos del fumadero y del descampado, y situarnos al lado de la casa donde alquilábamos el baño. Y ahí nos instalamos.

Ya no estamos tan en el medio. Al lado de un árbol, el wifi que nos llega hasta el carro, y tenemos una toma de luz. Lo cual es estupendo ya que al parar tanto tiempo las baterías del carro no dan tanto de si. Ahora si podíamos decir que estábamos cómodos. Aquí hicimos nuestro nicho, y la gente al pasar nos va conociendo. Después de la marcha de los argentinos, tuvimos de vecinos unos días a una pareja, española e inglés, amantes del surf, con quienes hicimos amistad. Un día cenamos juntos en la furgo de ellos. Al final es como quedar un viernes para ir a cenar a casa de un pana. Por cierto a destacar la cena que hicimos: tortilla de plátano macho maduro, con cebolla caramelizada con panela y queso. Un 10.

Mompiche es un buen lugar para aprender a hacer surf. Playa grande para no molestar, buenas olas, y una zona con una ola amable y larga, donde el mar no te maltrata y lo mejor, una temperatura del agua perfecta. Nunca me había parado a pensar esto, siempre asocié el surf al frío, pero claro viniendo de España… no hay otra. Decidimos tras alquilar una tabla un día, comprar una para aprender, ya que es la forma más económica de hacerlo. Y así entró la primera tablar en nuestra vida. Se la compramos a Pierre, un canadiense quien por el precio de la tabla nos incluyó unas clases y consejos y con quién hicimos tan buenas migas que terminamos por desayunar todos los días juntos, pan, huevos, crepes, mermelada, café, fruta… un desayuno de campeones.

Tabla de Fab

Tabla de Fab

El desastre ya se había convertido en hogar. Desde el momento en que nos estacionamos mejor, empezamos a hacer uso del baño, wifi y electricidad, a conocer a la gente, y ahora con una tabla de por medio, ya teníamos claro que aquí se estaba bien y nos íbamos a quedar para largo. Después vino la venta de arepas, como relatamos en otro post del blog, un comienzo animado por la gente, y bien recompensado.

Los días se hacen cortos. Pasan suaves, intercalando algunos e mails que salen de trabajo, un ratito para las relaciones sociales del extranjero, otro para las de aquí, largos ratos remando sobre la tabla, preparando y vendiendo arepas, saliendo a trotar por la playa o conversando con las personas que viven aquí.

Ahora si tenemos perro, nada más y nada menos, 3 perros. Benji, que es de la casa donde usamos el baño, un perro surfero. Entra al agua por muy hondo que estemos nadando y aún le gusta poner sus patitas en la tabla. Una cachorrita de la vecina que viene a robarnos las cholas y a jugar, y Margarita, una perrita muy cariñosa que vive adoptada por el turismo. Le gusta venir a trotar con nosotros, aunque a veces nos abandona para irse por ahí con otros turistas.

Margarita

Margarita

Después de la primera tabla, llegó la segunda. Esta vez de sorpresa para mí, regalo de Fabricio y mi familia, por mi año de ex fumadora. Una longboard preciosa, el día que la vi pensé que era para mí, pero tarde porque ya habíamos comprado la otra… Así que nuestra familia va aumentando… lo que no se como nos vamos a llevar todo!! Lo mejor es que ahora podemos ir juntos, y no como antes, que uno practicaba y otro miraba…

Tabla de Ainhoa

Tabla de Ainhoa

Lo que si tiene este pueblo es poca oferta de abastos y con precios algo subidos, salvo la camionetica de la fruta que viene dos días a la semana, y por supuesto, el pescado,  por lo que una vez a la semana salimos a un pueblo más grande a comprar lo que necesitamos y pequeños arreglos que van surgiendo.

El primer día fuimos a Pedernales, hacia el sur. Necesitábamos comprar una fuente de poder para conectar la nevera de 12v a la toma de 110. Y allí la encontramos. La llegada fue curiosa cuanto menos. Nada más llegar preguntamos dónde había un estacionamiento para dejar el carro. Le debimos preguntar al típico personaje del pueblo que parece que le falta un aire, pero muy amable y que lo conocen todos. Terminamos estacionando en casa de un concejal, nos llevó a varias tiendas donde podríamos encontrar lo que buscábamos, y terminamos en la oficina de turismo dejándonos tomar una foto con él y otro concejal. Todo ello en cuestión de una hora, en la que además no paró de contarnos un montón de historias, y sientes como uno se está dejando llevar, viendo todo desde fuera. Una sensación curiosa. Si queréis comprar buen marisco en Pedernales, hacerlo en el Conchal de Mi Gordo.

El Conchal de Mi Gordo, Pedernales

El Conchal de Mi Gordo, Pedernales

El siguiente día fuimos a Atacames, en dirección contraria, al lado de Sua. Allí nos abastecimos, pasamos por pueblo que se llama como el carro: El Aguacate. 😉 Este día se nos olvidó avisar en la casa que volvíamos para que nos guardaran el hueco, y al llegar había una furgo de dos chilenos. Durante dos días volvimos a estar medio atravesados, eso es lo de menos, lo interesante fue ver cómo nos sentíamos cuando vimos que nos habían quitado nuestro querido hogar.

Y así van transcurriendo los días, unos con la venta de arepas, y otros enteros libres, dedicados al deporte, al relax, a ver el atardecer, a compartir una cerveza, a vivir. Y es que el gasto diario en este pueblo es muy pequeño. Y se vive bien. Se vive. A veces uno piensa que esto tendría que ser la vida. Vivir en un sitio en el que se necesite poco, trabajar para ganar ese poco, y disponer de tiempo para estar y disfrutar.

Estén donde estén, los animamos a ponerlo en práctica.

 

 

 

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2 comentarios en “Mompiche II: del desastre al hogar.

  1. Me agrada muchísimo leer todos estos relatos del viaje . continúen haciéndolo para compartir en la distancia tan fabulosa experiencia. Un abrazo Dios les bendiga y proteja

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