Hasta pronto Mompiche

Un nuevo atardecer, el sol en otro lugar, para despedirnos de Mompiche

Un nuevo atardecer, el sol en otro lugar, para despedirnos de Mompiche

SALIENDO DE MOMPICHE PA´CANOA

Con mucha pena, llegó el momento de dejar Mompiche y seguir camino. El principal motivo de continuar viaje es que el tiempo corre, y de los tres meses que teníamos para visitar Ecuador, nos estábamos acercando al segundo y aún no habíamos visto nada. La idea era ir a Manta a ver si había alguna manera de ampliar nuestra estancia sin que resultara muy costosa. Si la había volveríamos a Mompiche un tiempo más y en caso de no haberla, seguir viaje.

Cuando decidimos salir de Mompiche nos sentíamos profundamente perezosos y vagos, porque sencillamente allí estábamos muy bien, y los sentíamos como nuestro hogar. Nos sentíamos parte integral del lugar. GRACIAS A TODOS LOS MOMPICHEROS NATIVOS, ADOPTADOS Y TEMPORALES POR HACERNOS SENTIR ASÍ. Sin embargo, a la vez, nos llamaba el seguir conociendo sitios nuevos, y seguir recorriendo la costa. Salíamos con la expectativa de seguir visitando diferentes sitios con el mismo encanto. Una expectativa que no se cumpliría como teníamos pensando y es que ahora si que conocimiento de causa, podemos afirmar que Mompiche es un lugar único y privilegiado en Ecuador. Y además de por su entorno, por su gente. Pese a que uno debe recoger siempre hasta el objeto más viejo e inútil, porque puede venir un “ratero” a quitártelo, y pese a que algunos turistas de paso han sido víctimas de robos por descuido, la mayoría realizados por la misma persona, conocida por todo el pueblo incluyendo policía, pero sin que nadie haga nada. Pues aún en ese ambiente, que sinceramente creo que debería cambiar y mejorar, la gente y el ambiente del lugar, le da mil vueltas al de otros lugares que pueden ser un paraíso en cuanto a entorno, y en cuanto a seguridad, pero que sin embargo el “pueblo” es otro rollo. Este sería el caso de Ayampe, pero eso lo dejamos para otro post.

Volviendo a nuestra salida de Mompiche, a mí como muchos se imaginarán, me dio tremenda pena dejar a aquellos perros tan divertidos que convivieron con nosotros durante  más de un mes. Benji, se quedaba en buenas manos con sus dueños que lo adoran. Que eran nuestros caseros con quienes de alguna manera convivimos de manera muy gustosa, y pudimos también catar los suculentos platos con receta secreta que nos brindaban. Decir que lejos de amar el marisco en unas de esas invitaciones llegó incluso a gustarme al punto de querer repetir. Margarita la perra del pueblo (aunque suene mal) la cual pensamos llevarnos pero que por otro lado veíamos tan feliz en Mompiche, y la pequeña Tati, a quién me hubiera llevado sin dudar pero que también tenía dueña…

Se nos quedaron demasiadas cosas por hacer… conocer el río, Bolívar, volver a Portete, a Playa Negra, hacer un reportaje fotográfico en tierra y en el agua de todas las bellezas del lugar… pero supongo que esa era la excusa para volver algún día no muy lejano. A tres meses de viaje, Mompiche tiene papeletas para convertirse en el lugar en el que nos instalaremos.

El día de salir, salimos más tarde de lo previsto, como viene siendo habitual, y nos fuimos con dos españolas a quienes les dimos la cola hasta Canoa. De camino paramos en varias playas en los alrededores de Jama, siendo la más bella, con diferencia, Playa la División, donde nos gustaría pasar una o dos noches cuando volvamos por esta zona. Disfrutando de un viaje pausado y con almuerzo por el camino bien rico, llegamos a Canoa cerca del atardecer. Nuestra llegada fue muy acogedora. Nos instalamos al aire libre debajo de unas palmeras en la playa, al lado de unas casetas, una de ellas regentadas por una pareja de español y ecuatoriana, con un pequeño muy lindo, que nos dieron un recibimiento entrañables y acogedor. Cenamos una pizza exquisita, sólo dos pizzas tan ricas hemos podido degustar durante el viaje, con lo adicta que soy yo… en una pequeño comercio de un colombiano, que había oído hablar de nuestras arepas, pese a estar a 200 km de Mompiche! Y quién nos animó a vender en Canoa.  Nos encontramos también con una chica que conocimos en Mompiche, deseosa también de que vendiéramos arepas, y con Hans y su mujer, los dueños del camping de Yahuarcocha. Sin embargo, teníamos prisa, ya que queríamos llegar a Manta cuanto antes para saber si disponíamos de más tiempo o no. Así que a la mañana siguiente, con la calma, continuamos viaje.

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