DE COMO LLEGAMOS A OLÓN, PASAMOS POR MONTAÑITA Y ACABAMOS EN LAS NUÑEZ

Las Nuñez

Las Nuñez

El día rendía que jode, como dírían los venezolanos, surf en Ayampe, tarde de playa en los Frailes, parada en Puerto López y surf en Olón durante el atardecer. Llegamos y directos al mar. Nos recibió un viejito que sólo nos dijo que no quería ni vernos por la zona, que no podemos estacionar, que ensuciamos y no consumimos y que si nos estacionamos por allá, autoridades mayores vendrán a sacarnos. Bienvenidos a Olón.

Eso de que cada uno ve el mundo según las gafas que lleve es cierto, pero por desgracia también podemos decir que cada uno lo ve según el gilipollas con el que se tope. Y es que de Olón nos hablaron muy bien Irene y George, unos vecinos con los que coincidimos en Mompiche. Y claro tras estar dos horas allá entendí que un par de meses antes, Olón era ideal para overlanders y que hoy es casi el extremo contrario.

La historia es así. Al final del malecón, a ambos lados hay dos estacionamientos gigantes, de tierra, algunos bajos árboles y palmeras a pie de playa. Allá llegan el fin de semana un montón de turistas ecuatorianos en carro, que quieren aparcar y pasar un lindo día playero comiendo en un comedor orilla de playa. Totalmente comprensible. También llegan overlanders que se acercan a Olón huyendo del estrés del famoso pueblo de Montañita, y encuentran tan idílico luigar, que pasa de boca en boca cobrando fama entre nosotros y convirtiéndose en destino obligatorio. El problema es que 5 overlanders se estacionan y ocupan todo el estacionamiento, se quedan varios días, y cuando llegan los otros turistas al no ver sitio, se van a otro pueblo y dejan de comer en el restaurante. Además habrán tenido varias malas experiencias de higiene con overlanders, porque por desgracia se encuentra de todo por todo… y todo ello llevó a que hace un mes, la comuna decidiera que no se podía acampar más en esos lugarse, sin habilitar otros para ello, porque tienen ciertos prejuicios erróneos a mi parecer, sobre algunas formas de viajar.

Allí nos encontramos de nuevo con Silva y Adrián. Quienes ya habían tenido el placer de conocer al mismo viejito que les dio la bienvenida. Nos indicaron dónde podíamos estacionarnos y directos al mar. Entrada la noche estábamos en el parking ambos carros con la duda de qué hacer. Fue entonces cuando caminé a hablar con el señor que regentaba un restaurancito quién me explico lo anterior muy amablemente. Nos indicó que podíamos pasar la noche, pero irnos en la mañana. Adrián y Silva así lo hicieron. Ellos tienen todo dentro y no es gran despliegue, pero nosotros preferimos buscar otro sitio.

En un primer momento nos acercamos a Montañita a tan sólo 3 km, pero de noche, y con el burulú del fin de semana era algo complicado encontrar nada allá. Así que pensamos que cualquiera de los pueblitos por los que habíamos pasado, sin fama ni gloria, tendría un sitio ideal para nosotros.

Fue en el tercer pueblito que entramos, todos muy cerca unos de otros, Las Nuñez,  en el que encontramos pie de playa un pequeño terreno donde tenía pinta de que fuéramos a estar de miedo. Preguntamos en una tiendita de ahí cerca que aún estaba abierta a horas tardanas, y tuvimos la suerte de conocer al señor ideal. Nos atendió amablemente, nos dijo que no había problema en estacionarnos allí, y nos gestionó el uso del baño en una casa próxima. Son esos los buenos momentos de viajar. Y fue entonces también cuando recordamos, tras la larga parada de Mompiche, que viajar en nuestro carro y a modo overlander tiene que ser precisamente llegando a sitios como este, que de otra manera no llegarías. Y no quedarte solo en los puntos turísticos. Como veníamos haciendo, pero parece que nuestra salida de Mompiche fue algo mentalmente letargada.

Y así fue como acabamos en Las Nuñez. Algo tarde y cansados disfrutando de una suculenta cena, ya que ese día de camino paramos a hacer mercado y por fín encontramos una carne apetitosa a un precio sabrosón. Dormimos de miedo y fue la primera noche en pasar un friito agradable en mucho tiempo.

Amanecimos relajados y felices, y tras dejar correr el rato entre café y desayuno, nos fuimos a la Rinconada, bajo sugerencia del mismo señor, como lugar bello y bueno para surfear. Efectivamente el lugar es más que increíble, en un desvío de la carretera, baja uno entre una vegetación abrumadora hasta el pequeño pueblito.Allí las vistas son bellísimas, y la ola se ve bonita.

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Pero mucha roca para mi inexperiencia y mis miedos así que entró sólo Fab y yo me quedé en una terracita de único restaurancito que había, (ves mamá como si que cuido…), poniendo un poco al día el blog. Cuando Fab salió optamos por quedarnos a comer allí, y pagarnos uno de esos platos que pocas veces pagamos, pero sentíamos que allí si merecía la pena. Degustamos un arroz marinero, con media langosta, langostinos, conchas, mejillones, gambas, pulpo, calamar, etc. En un lugar hermoso, bien criollito, lejos del turismo para guiris.

Una buena noche, un buen día, que continuaría con otra visita a Olón, para surfear de nuevo en el atardecer. De nuevo nos encontramos con Silva y Adrián, quienes nos comentaron que habían encontrado un lugar a pie de playa a las afueras de Montañita donde podríamos estar solos. Así que salimos los cuatro para allá, donde pasaríamos unos días juntos.

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Un comentario en “DE COMO LLEGAMOS A OLÓN, PASAMOS POR MONTAÑITA Y ACABAMOS EN LAS NUÑEZ

  1. Disfruto mucho las notas de la bitácora del viaje y casi que estoy viviendo los momentos.
    Vivir convivir y saborear cada momento como lo hacen Uds no tiene precio

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