¡Arepeate! En Puerto Engabao y Playas

 

Puerto Engabao, como posiblemente se deduzca del post que trata sobre él, es un pueblo pequeño, en el que predominan pescadores y comerciantes. Uno al principio ve el movimiento y piensa que puede ser un buen lugar para vender, gente haber hay. Pero por otro lado, uno siente que esa gente puede no ser tan abierta en un principio a andar probando cosas nuevas…

No era precisamente un ambientes de turistas o heterogéneo. Sin embargo, nos decidimos a probar. Ricky, Ángela, Evelyn y su pareja nos animaron, comieron y las publicitaron. Está bien eso de encontrar gente tan simpatica en los sitios.

La verdad que el ambiente era bien agradable, amigos del resto de vendedores bien rápido, el señor del corviche, el de la piña y la patilla, las otras chicas de las empanadas o el señor del sanduche de chancho asi como de la de la tienda mas cercana, nos sentiamos muy agusto vendiendo en ese tipo de ambiente, un ambiente bien propio y auténtico del lugar. La venta salió buena. Vendimos todo lo que habíamos preparado: carne molida salteada con vegetales y salsa de soya y frijoles negros con queso.

Los demás nos preguntaban por las arepas incluso nos pedían una tortilla de patata para los pescadores del turno de la mañana… volveríamos a vender un día más en Puerto Engabao, pero en el concierto, que fue arriba donde el faro, y fue más bien para las personas que asistieron al concierto.

El día del concierto casi llegamos a las 100 arepas. Ese día fue el primero que incorporamos los camarones a nuestro menú. Comenzamos las ventas con las míticas caraotas (que los venezolanos describen como las de su abuela) y un chopsuey de camarones. Cuando se acabaron preparamos un perico de huevo y posteriormente otras caraotas y un salteado de camarones con tomate, espinacas, cebolla y albahaca. La gente estaba encantada y algo alucinada, ya que cada vez que venían teníamos algo nuevo preparado y bien rico.

Una escena divertida del día: para un carro que está de salida, con un matrimonio y tres niños detrás. Piden una para la madre, se la llevamos, en ese momento de probarla piden otra para el padre, y justo después tres más, con salsas incluídas… Nosotros comentamos para nuestros adentros lo atrevidos que eran dándoles a los niños las arepas tan llenas y con salsa estando los tres atrás en el carro… Finalmente y como no era de extrañar decidieron parar y comerlas tranquilamente antes de seguir viaje. Repitieron.

En Playas, ya una ciudad de cierto tamaño con otro tipo de movimiento, nos pusimos a vender, así como buenos paracaidistas, un domingo sobre las 19h al lado del terminal de buses donde sale todo el mundo de vuelta para Guayaquil después de pasar un fin de semana en la playa. El movimiento allí de gente era exagerado. Lo vimos, íbamos preparados, vimos donde estacionar y allá que fuimos.

Un minuto tardamos en montar el chiringuito y en 5 ya estábamos listos para las ventas. A los 10 minutos, en un sin parar, ya habíamos vendido 12. 5 minutos depués teníamos a los responsables de vía pública del municipio pidiéndonos el permiso…

Permiso que por supuesto ni teníamos ni teníamos idea que había que tener. La verdad que nos disculpamos y nos pidieron que recogiéramos. Pero fueron muy amables. Nos explicaron donde solicitarlo, nos dejaron termianr de vender las que estaban en el fuego y nos dijeron que podíamos ir al lado del parque del skate que allí no nos molestarían. Así que eso hicimos. Estaba claro que en ese parque no nos iban a molestar porque no había nadie que quisiera comprar nada… Nos salvaron un par de amigos muy simpáticos que pasaron por allá y una pareja de colombianos.

Fue una pena no seguir vendiendo cerca de los buses, ya que era una venta buena asegurada. Lo que decidimos, fue para el siguiente fin de semana que además era puente, pedir permiso en el Municipio. Una gestión que se desarrollo de forma rápida y exitosa. Como estamos de paso, turistas con dicho proyecto, nos dieron el apoyo. Sin permiso oficial, sólo de palabra para el fin de semana. Dicho y hecho.

El domingo siguiente estábamos de nuevo en el mismo sitio. Sin embargo habría sólo un tercio de la gente de la otra vez… y es que este fue el fin de semana que anunciaban un fuerte oleaje y por miedo la mayoría no se atrevió a venir. Aún así las ventas fueron muy buenas. Entre vecinos, los vendedores de alrededor que querían saber de la competencia, algún atrevido de regreso a Guayaquil y clientes ganados en el concierto de Puerto Engabao, vendimos todo lo preparado y más!

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