El frío del Chimborazo, Ecuador

2015-06-01 17.11.57

La región del Chimborazo es una de las que más nos ha gustado de la sierra ecuatoriana. Me encanta que llamen sierra a los Andes…

Por un lado es una región preciosa, por otro es más criollita o menos sobreexplotada turísticamente y por último y no menos importante, visitamos sitios y zonas poco comunes, ya que aprovechamos de hacer una visita a la familia de Nely.

Salimos en dirección Alausí desde Guayaquil un domingo, tras pasar allá varios días en un taller, post que se encargará Fab de redactar. Circulamos con calma, parando en los lugares que por algún motivo nos llaman la atención, aprovechando lo bueno que te da viajar en tu propio carro.

Visitamos la Nariz del Diablo. Recorrimos un tramo en el carro y disfrutamos del paisaje. Vimos pasar el famosos tren que circula por la montaña. Un lujo montar en él para aquellos que visitaran el país en otro momento. Hoy ya no lo usan los ecuatorianos, quedó solo como actividad turística y por supuesto, dentro de la línea de desarrollo del país, ya no se puede ir sentado en el techo por seguridad, no es para menos! Pero entre una cosa y otra ya ha perdido toda la gracia al menos para nosotros. Eso si, la zona no tiene desperdicio alguno y la consideramos parada imprescindible en la zona.

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Llegamos al atardecer a Tolatus, un pequeño pueblo, al que se llega desde Guasuntos montaña arriba, donde vive la familia de Nely. Cuando subíamos por la pista de tierra las personas que encontrábamos por el camino nos preguntaban que a dónde íbamos y a qué. No entendían que dos “guiris” fueran a Tolatus a nada. Y en realidad no se por qué ya que pudiera ser el paraíso de los campers. Un bello pueblo en lo alto de la montaña a unos 3000 metros de altitud y en dirección de las Lagunas de Ozogocho. Cuando llegamos pronto conocimos a tías y vecinas y finalmente a la mamá y la abuela de Nely. Nos recibieron todos sin esperarnos con los brazos abiertos, y nos trataron de manera insuperable. Dormimos al lado de la casa de la mamá, dentro del coche, bien calientes ya que se oía soplar el viento fuerte ahí fuera,  y tras un contundente desayuno continuamos hacia Guasuntos, con una gallina recién pelada para nosotros y un par de kilos de arvejas. Allí seguimos conociendo al resto de la familia, y pudimos ser espectadores del día del niño en el Colegio del pueblo. Pasamos un día bellísimo y agradecemos a todas aquellas personas que nos brindaron un buen rato, un buen café, un buen desayuno o una buena gallina.

De Guasuntos, y pasando de nuevo por Tolatus, fuimos a conocer la Laguna de Ozogoche. Llegamos con lluvia y 10 minutos después se despejó y salió el sol. Esas lagunas con una buena luz son un lugar increíble. Solitario, silencioso, bello.

El día no daba para más que llegar a la gasolinera cercana al desvío al volcán Chimborazo y acostarnos allí, de nuevo bien arropados.

Amanecimos con vistas al volcán con punta nevada. Impone. Con la esperanza posteriormente frustrada de encontrar un buen desayuno por el camino, por eso de comer bien para el mal de altura, salimos temprano en dirección al volcán. Pasamos de los 3000 metros a los 4600 metros de altitud donde está el refugio, y sin desayunar. Cuatro panes mal comidos y bastante café. Vamos justo lo menos recomendable. El viento que soplaba ahí arriba no era ni medio normal. Para entrar en esa zona, parque nacional, escondimos a Atuk, más bien no la nombramos, ya que no dejan entrar animales. Salió a mear un par de veces a escondidas, ni pena pasó la perra, se imaginarán que lo último que le apetecía era salir a la calle. Nosotros decidimos hacer la corta caminata hasta la laguna, a 5000 mts de altitud, corta en distancia pero no en tiempo. La altitud que ahoga, el viento que azota, y el frío que paraliza son una mezcla explosiva. Pensé que no llegaría, pero finalmente lo logramos. El punto más alto al que se puede llegar sin guía y sin equipo especial. Mi equipo especial era llevar toda la ropa que tenía encima, una capa tras otra capa. Era un auténtico “mojote” (bojote).

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El Parque Nacional Chimborazo tiene una energía vibrante. Las vicuñas andan a sus aires sin ser molestadas, y si no fuera porque el viento llegaba incluso a tirarme, podríamos habernos quedado un par de días allí. De regreso en el refugio y tras un te de coca nos fuimos bajando  hasta Salinas. Un pueblito con fama por sus quesos y chocolates.

Conforme bajábamos el mal de altura se hizo presente. Primero Fabricio se sintió mal durante rato largo, después yo, no tan mal, pero si con un malestar que finalmente desapareció cuando paramos a comer, que era ya la hora de la merienda cena.

Circulamos hasta Patate. Cerca de Baños ya a una altitud y una temperatura decentes. Y es que en las zonas frías el tiempo nos rinde un montón.

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