El frío del Chimborazo, Ecuador

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La región del Chimborazo es una de las que más nos ha gustado de la sierra ecuatoriana. Me encanta que llamen sierra a los Andes…

Por un lado es una región preciosa, por otro es más criollita o menos sobreexplotada turísticamente y por último y no menos importante, visitamos sitios y zonas poco comunes, ya que aprovechamos de hacer una visita a la familia de Nely.

Salimos en dirección Alausí desde Guayaquil un domingo, tras pasar allá varios días en un taller, post que se encargará Fab de redactar. Circulamos con calma, parando en los lugares que por algún motivo nos llaman la atención, aprovechando lo bueno que te da viajar en tu propio carro.

Visitamos la Nariz del Diablo. Recorrimos un tramo en el carro y disfrutamos del paisaje. Vimos pasar el famosos tren que circula por la montaña. Un lujo montar en él para aquellos que visitaran el país en otro momento. Hoy ya no lo usan los ecuatorianos, quedó solo como actividad turística y por supuesto, dentro de la línea de desarrollo del país, ya no se puede ir sentado en el techo por seguridad, no es para menos! Pero entre una cosa y otra ya ha perdido toda la gracia al menos para nosotros. Eso si, la zona no tiene desperdicio alguno y la consideramos parada imprescindible en la zona.

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Llegamos al atardecer a Tolatus, un pequeño pueblo, al que se llega desde Guasuntos montaña arriba, donde vive la familia de Nely. Cuando subíamos por la pista de tierra las personas que encontrábamos por el camino nos preguntaban que a dónde íbamos y a qué. No entendían que dos “guiris” fueran a Tolatus a nada. Y en realidad no se por qué ya que pudiera ser el paraíso de los campers. Un bello pueblo en lo alto de la montaña a unos 3000 metros de altitud y en dirección de las Lagunas de Ozogocho. Cuando llegamos pronto conocimos a tías y vecinas y finalmente a la mamá y la abuela de Nely. Nos recibieron todos sin esperarnos con los brazos abiertos, y nos trataron de manera insuperable. Dormimos al lado de la casa de la mamá, dentro del coche, bien calientes ya que se oía soplar el viento fuerte ahí fuera,  y tras un contundente desayuno continuamos hacia Guasuntos, con una gallina recién pelada para nosotros y un par de kilos de arvejas. Allí seguimos conociendo al resto de la familia, y pudimos ser espectadores del día del niño en el Colegio del pueblo. Pasamos un día bellísimo y agradecemos a todas aquellas personas que nos brindaron un buen rato, un buen café, un buen desayuno o una buena gallina.

De Guasuntos, y pasando de nuevo por Tolatus, fuimos a conocer la Laguna de Ozogoche. Llegamos con lluvia y 10 minutos después se despejó y salió el sol. Esas lagunas con una buena luz son un lugar increíble. Solitario, silencioso, bello.

El día no daba para más que llegar a la gasolinera cercana al desvío al volcán Chimborazo y acostarnos allí, de nuevo bien arropados.

Amanecimos con vistas al volcán con punta nevada. Impone. Con la esperanza posteriormente frustrada de encontrar un buen desayuno por el camino, por eso de comer bien para el mal de altura, salimos temprano en dirección al volcán. Pasamos de los 3000 metros a los 4600 metros de altitud donde está el refugio, y sin desayunar. Cuatro panes mal comidos y bastante café. Vamos justo lo menos recomendable. El viento que soplaba ahí arriba no era ni medio normal. Para entrar en esa zona, parque nacional, escondimos a Atuk, más bien no la nombramos, ya que no dejan entrar animales. Salió a mear un par de veces a escondidas, ni pena pasó la perra, se imaginarán que lo último que le apetecía era salir a la calle. Nosotros decidimos hacer la corta caminata hasta la laguna, a 5000 mts de altitud, corta en distancia pero no en tiempo. La altitud que ahoga, el viento que azota, y el frío que paraliza son una mezcla explosiva. Pensé que no llegaría, pero finalmente lo logramos. El punto más alto al que se puede llegar sin guía y sin equipo especial. Mi equipo especial era llevar toda la ropa que tenía encima, una capa tras otra capa. Era un auténtico “mojote” (bojote).

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El Parque Nacional Chimborazo tiene una energía vibrante. Las vicuñas andan a sus aires sin ser molestadas, y si no fuera porque el viento llegaba incluso a tirarme, podríamos habernos quedado un par de días allí. De regreso en el refugio y tras un te de coca nos fuimos bajando  hasta Salinas. Un pueblito con fama por sus quesos y chocolates.

Conforme bajábamos el mal de altura se hizo presente. Primero Fabricio se sintió mal durante rato largo, después yo, no tan mal, pero si con un malestar que finalmente desapareció cuando paramos a comer, que era ya la hora de la merienda cena.

Circulamos hasta Patate. Cerca de Baños ya a una altitud y una temperatura decentes. Y es que en las zonas frías el tiempo nos rinde un montón.

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Bosque Petrificado de Puyango y Vilcabamba

Bosque Petrificado Puyango

Bosque Petrificado Puyango

El Bosque Petrificado de Puyango se encuentra al sur de Ecuador, a pocos kilómetros de la frontera con Perú. Fue nuestra primera parada de regreso en Ecuador, tras la breve visita a Perú.

El entorno es precioso. Verde tropical, calor húmedo, vegetación frondosa y mucha mucha tranquilidad. Ideal para acampar por cualquier rincón que uno encuentre, como hicimos nosotros, ya que llegábamos comenzando a oscurecer, algo tarde ya para visitar el bosque.

Pernoctando en Puyango

Pernoctando en Puyango

Pernoctando en Puyango

Pernoctando en Puyango

Tras una noche a plena oscuridad, como hacía días que no teníamos, perdidos en mitad de la naturaleza, fuimos a la entrada del bosque, donde además de encontrar unos paneles informativos y varios fósiles, te asignan un guía. La vuelta dura alrededor de una hora caminando por caminos lindos donde podemos encontrar bastantes restos de árboles petrificados por sedimentos fluviales y cenizas volcánicas. Dichos árboles son del cretácico superior o terciario. Es todo un espectáculo.

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Ver un tronco convertido en piedra, o una piedra con forma de tronco es una extraña sensación. El lugar es único.  Y una visita muy recomendable. De Puyango continuamos a Vilcabamba donde esperábamos encontrarnos con Adrián y Silva.

Vilcabamba es conocido como el valle de la longevidad, pues alberga personas de cientos de años. Tiene fama de que quién vive aquí vive mucho. No sabemos si será verdad, ya que sólo permanecimos un par de noches. No sé de donde le vendrá la fama, pero la actual, además de longevidad debe de tener interés obstétrico ya que encontramos muchas mujeres que habían decidido ir a dar a luz a dicho valle, y un cuantioso número de niños, que si bien el valle el longevo, la media de edad debe bajar con tanto crío por todo.

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El ambiente es ese ambiente peculiar que en dos días poco te da para catalogar o hablar. Tenemos por un lado a todos los habitantes de toda la vida, los criollitos. Por otro una panda de gringos, más bien en edad de jubilación, que se te acercan a hablar en inglés, como si estuviésemos en EEUU, o si lo normal y natural es que todos tengamos que hablar inglés pese a estar en un país de habla hispana. Encontramos también muchos extranjeros en busca de una calidad de vida mayor, viviendo y trabajando allí, argentinos, chilenos, españoles, etc. Turistas de paso y un turismo obstétrico como hemos mencionado anteriormente.

El ambiente debe ser de pinga y tiene que tener algo que engancha, pero nosotros no le dimos la oportunidad ya que debíamos estar en Guayaquil para hacer un trámite unos días más adelante. Sin embargo, el fin de semana que estuvimos, estuvimos muy bien, para que engañarnos.

Llegamos un viernes, de fiestas patronales. A mí me parecía estar en mi pueblo! Eso sí, sólo se veía disfrutar de las fiestas a los criollitos. Una pena esa falta de integración. Nos encontramos rápido con Adrián y Silva quienes nos recomendaron lugar donde acampar, y una vez más fuimos vecinos. El lugar elegido era un parque, donde se podía parquear y con baños públicos. Un lujo, salvo porque la primera noche, estábamos al lado de la rumba nocturna de las fiestas, lo que comúnmente en mi pueblo llamamos “el baile”. La verdad que como andábamos algo cansados, nos dormimos sin mucho pesar y sólo nos despertamos cuando tres adolescentes masculinos se pusieron a cantar Pimpinela a plena voz de borracho… menos mal que el momento super star les duró poco.

Pasamos el sábado de relax, disfrutando del buen tiempo diurno, y de pequeños apaños que teníamos que hacer, con nuestra perrita Atuk.

El último día, antes de continuar camino a Loja, nos fuimos a pasear un poco por el Parque Nacional Podocarpus. Fue la primera excursión de la pequeña Atuk, quién los ratos que caminó se entregó por completo, por lo que los combinó con otros ratos en los que dormía en nuestros brazos. El Podocarpus, al menos lo poco que vimos es un lugar maravilloso, lindo para caminar y pasear.

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Ese día dormimos en un parque en Loja de nuevo con Adrián y Silva, de quienes a la mañana siguiente nos despedimos, ya que ellos continuaban hacia el sur, y nosotros hacia el norte.

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Grandes amigos del camino.

De Zorritos a Lobitos, Perú

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Salimos de SwissWassi con la idea de visitar alguna playa cercana antes de volver a Ecuador. Recorrimos la costa hasta el Ñuro haciendo varias paradas por el camino. La primera para desayunar un poco mejor, porque salimos sólo con café. Punta Sal, Máncora, Vichayito, y Órganos, donde hicimos una parada más larga en Punta Velero para surfear un poquito unas pequeñas olas que había. La gente que había en el agua era toda bastante simpática y acogedora, y la punta espectacular sin más. Allí nos atendió Rocky, quién tiene una escuela de surf y quién nos orientó sobre las olas de la zona. Un surfista muy amable. De ahí rodamos otro poco hasta la Playa del Ñuro donde dormimos de acampada libre fuera del muelle (para dormir dentro te cobran 5 soles, pero como el sitio es tan tranquilo no es necesario).

El porque de venir al Ñuro lo descubrimos por recomendación de Melba a lo que salíamos de SwissWassi. Bañarse con tortugas marinas en libertad. Sonaba bien y en principio uno se imagina la escena como medio compleja, muy dispuesta al turismo, cara, etc. Sin embargo, hoy por hoy todavía no es así. Desde el final del muelle los lugareños alimentan a las tortugas quienes han agarrado algo de confianza con las personas, y siendo libres en todo momento, deciden quedarse o ir y venir. Son bastantes las tortugas que hay allí. Una fundación las estudia y se encarga de su bienestar, y el pueblo saca un pequeño partido turístico con el tema, lo cual es mejor alternativa a pescarlas y comerlas.

Te cobran por entrar 5 soles por persona, (no llega a dos euros) y una vez allá si quieres te bañas, tan simple como bajar por la escalera al muelle, y dale lo que quieras al agua fría. Al principio impresiona y no poco, son unos animalitos grandes y pesados, que te rondan, porque son muy toconas… te empujan, pasan por debajo, por encima, hasta le tocaron el culo a Fabricio! jejeje Pero son como tranquilotas, buenas y dulces. Fue un lujo para ambos disfrutar de esta experiencia y tanto rato como quisimos o como la temperatura del agua permitió.

https://youtu.be/0AA8ipxERqI

De ahí continuamos hasta Cabo Blanco y Panic Point, dos lugares donde encontrar olas, aunque cuando nosotros llegamos no había mucho movimiento, así que decidimos darle hasta Lobitos, para ver que tal allá. El recorrido desde El Ñuro hasta Lobitos por todo el interior de la costa, gracias a las condiciones del Aguacate, porque para otros vehículos sería imposible, es todo una odisea.

Circula uno por una zona desértica, unos caminos de piedras, un tierrero, unos cerros de tierra también que junto con la fuerte brisa marina convierten el entorno en puro polvo. Zona petrolera, se va encontrando uno de vez en cuando con pozos petroleros, y con vallas de seguridad, que abren y cierran las únicas personas que te encontrarás por el camino. Es una escena sacada de película. No sabría bien de qué película. Así hasta llegar a Lobitos.

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Lobitos es un pueblo pintoresco… llega uno por esta vía y entra en una zona casi abandonada por completo. Primero un antiguo cuartel o asentamiento militar, después una zona de casas estilo inglés abandonadas y medio derruidas, alguna reciclada y convertida en un SurfCamp bien simpático y acogedor. Después, más adelante, la zona nueva del pueblo con sus casitas, sus alojamientos y demás lugares comunes en un pueblo. Allí al fondo, la punta de donde todo el año salen unas lindas olas que surfear en agua helada para nosotros, tibia para el resto. Y es que Lobitos fue una especie de ciudad inglesa en la época en la que éstos explotaba el petróleo, incluso se construyo una Casona, hoy un hostel de surf, para la vista de la reina Isabel II. Hemos encontrado un pequeño video que explica bien su origen y su actualidad:

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=QVREvyKY_1s

Y aquí hemos estado cuatro días estupendamente. Durmiendo de acampada libre en una especie de descampado, debajo de un cují, y por el día en la playa, bien instalados, surf, comida, cervecita, bufff el dolor de la vida en su plenitud!

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Y allí, la segunda noche, cuando ya habíamos concretado que adoptar una mascota sería ya después de nuestra visita a España, a las 5.30 de la madrugada, cuando somnolienta bajo de la carpa, aprovechando aún la oscuridad, para ir a hacer un pis por ahí, aparece la pequeña Atuk, infestada de pulgas y garrapatas. A mí me despejó, desperté a Fab, le puse agua y comida, y regresé a la carpa a seguir el sueño otro rato. Cuando nos levantamos, la encontramos durmiendo al lado de la rueda, y tras confirmar con algún vecino de la zona que no pertenecía a nadie, nos la llevamos a la playa a pasar el día con nosotros. A la mañana siguiente, visita al veterinario, nombre decidido, Atuk significa lobo en quechua, ya tenemos el tercer miembro de la República de Arepistán.

Lobitos es un sitio de 10. La gente nos recibió de una forma bien bella, trago de cerveza incluído. La playa preciosa, la ola buena y constante, sin rocas, de punta, tranquilo, seguro, amplio, y con encanto. Unos grados más a la temperatura del agua y sería el paraíso terrenal.

¡SwissWassi le da la bienvenida a Perú!

Atardecer Swiss Wassi

Atardecer Swiss Wassi

Entrar a Perú, con idea de ir a Tumbes a solicitar una visa en el Consulado de Ecuador, que por lo visto ya no existe desde febrero no tiene precio. Pero como todo en esta vida, no hay mal que por bien no venga.

El cruce de frontera fue hasta ahora el más hermoso. Un edificio enorme, bastante nuevo, donde de una vez sellas salida de Ecuador, entrada en Perú y solicitas la entrada del vehículo. (La salida del vehículo de Ecuador entre semana y en horario de oficina también se hace allí mismo, el resto del tiempo en un edificio que hay antes de llegar a este).

Todo limpio y pulido, de hecho me recordó a Alemania, concretamente porque había bastantes carteles indicando el uso obligatorio del paso de cebra, y en una de esas que crucé por donde mis pies decidieron, en vista de lo desértica que estaba la carretera, me pegaron un pitido y una llamada de atención más propia de un alemán que de un peruano. Sobre todo que luego sales de ahí y te encuentras que casi todo vale…

Lo primero una vez realizados los trámites, con seguro SOAT en mano, era buscar donde quedarnos, en algún lugar cercano a Tumbes, en la costa, ya que deberíamos ir entre semana para resolver la gestión en el Consulado.

Por casualidad, o más bien, por un dibujo de autocaravana que tienen fuera, llegamos al SwissWassi, pasado Zorritos, donde entramos con idea de quedarnos una noche, y pasaron sin darnos cuenta nada más y nada menos que una semana. Es un lugar privilegiado, con acceso directo a la playa, el pedazo de playa más lindo de la zona, ya que lo tienen bien cuidado, y con bellas palmeras, donde hay sitio para campers, siendo hasta ahora el mejor lugar en relación calidad precio, de todo el viaje.

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Lugar regentado por Melba y Jacques, una pareja suizo-peruana, que junto con Dante y la compañía de dos lindos perros, te hacen disfrutar cada rato de la estancia. Tiene aquellas comodidas que siempre necesita uno de vez en cuando y la belleza de estár en el sitio exacto cuidando los detalles, pero manteniendo un aspecto natural del lugar.

Volviendo a los perrros, Goloso, uno de ellos, es de esta raza peruana de perro sin pelo. Yo no había oído hablar de ella, y el primero que vimos, en Mompiche, negro, calvo, con una franja de pelo recio, rubio quemado, como cuando me lo teñí yo de pequeña con agua oxigenada, a lo largo de todo el lomo…. lo primero que pensamos es que se había quemado o estaba enfermo, que cosa más espantosa… Y los pocos que había visto después me seguían dando repelus y poca simpatía. Pero Goloso, cambió mi concepto, fue una reconciliación con esta raza. Es un perro majísimo.

Coincidimos con 6 campers más con los que además de experiencias y consejos de viaje, compartimos varias actividades: baños de barro en unas termas cercanas,

incluyendo baño en piscina caliente con fuego incluido en el anochecer, noche de pizza y peli,

comida arepera al más puro estilo arepistán,

pescado a la parrilla…

Difícil arrancar de aquí, aprovechamos de lavar, poner al día el blog, investigar un poco nuestro itinerario a seguir y disfrutar de la playa.

Entre todas estas, salimos a Tumbes para mi visa, lo cual fue una operación fallida, pero aprovechamos de cambiar las crucetas del cardan delantero del carro y de hacer algo de compra.

Cuenca, lindo lugar para celebrar el cumpleaños!

 

Iluminados

Iluminados

Cuenca representaba ciudad y  frescor o más bien frío, todo lo contrario a lo que llevábamos viviendo los dos últimos meses. Así que parecía la opción perfecta para pasar mi cumpleaños. Alquilamos dos noches una cabaña… que tiempos hacía de una cama, de un baño propio, y de una cocina protegida de la intemperie!

Si hubiéramos estado en España seguramente hubiéramos ido de camping y al monte, quizá aún fresco para la playa, y en Venezuela hubiéramos ido a la playa, pero de posada, por eso de la seguridad.. La cosa es celebrarlo rompiendo un poco la “rutina”.

Llegamos la tarde del 6, después de atravesar el Parque Nacional de Cajas, y pasar del calor de Guayaquil a más de 4000 metros de altura, para volver a bajar a dos mil y pico… mucho para tan poco rato!

Directos fuimos a un alojamiento que habíamos visto en las guías y en el que una vez vimos la cabaña decidimos quedarnos. Todo un lujo, como me dijo mi hermana, estábamos tirando la casa por la ventana, pero oye no todos los días cumple una años!

Tras instalarnos, fuimos a comprar al mercado, el cual los miércoles multiplica su tamaño ya que vienen a vender ropa del propio Ecuador y de Perú. La experiencia fue bellísima. De pronto encontramos un montón de verdura, de fruta, de especias, de carne… algo que generalmente en el viaje por Ecuador empezaba a ser un poco aburrido, porque por las zonas donde estábamos no había mucho, y si lo había era caro o feo. Y de pronto aquí, todo tan lleno, tan bello, tan colorido, y tan económico que parecía un sueño, o Ainhoa y Fab en el país de las maravillas.

Nos equipamos bien. De fruta y verdura y carne, por fín, lejos de la costa CARNE. Este es mi momento. La salida al mercado nos llevó toda la tarde, así que de regreso a casa, con el frío que trae la altitud en la noche, nos recogimos emocionados en nuestro pequeño hogar. Abandonamos el chalet de dos pisos con porche (el aguacate) por una humilde cabaña de madera. Cenamos de lujo, un pedazo de carne tierna, con un vinito y una buena ensalada.

pequeños placaeres

pequeños placaeres

Amaneció el día de mi cumpleaños adornado por un fabuloso desayuno que me preparó Fabricio, ensalda de frutas con miel y avena y panquecas con la nutella ecuatoriana (que tiene muchísimo nivel) y mermelada de mora, con yogurt líquido de  mora y nuestro café con canela y panela. Con 10 grados más sería lo que mi madre llama: La Perfección.

Vagamos por la cabaña de relax y descanso entre felicitaciones en todos los formatos, hasta que el sol empezó a calentar lo suficiente para animarnos a salir a la calle. Fuimos a recorrer Cuenca, calle va y calle viene, durante todo el día. Fue un día hermoso, en una ciudad hermosa con la mejor compañía, aunque extrañando a la familia claro está…

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Cuenca es una ciudad hermosa, viva, joven, llena de cultura. Tiene un feeling bellisimo. Fuimos a almorzar al mercado, compramos chocolate, y recorrimos todo lo posible. Terminamos el día en la casa, con otra cena de 10, trigueros incluídos, y un bizcocho con pepitas de chocolate, al cual añadimos fresas, nutella y una vela. No hay cumple sin torta 😉

A la mañana siguiente tras aprovechar al máximo la cabaña, salimos a visitar Baños, de donde continuamos camino a Machala, cerca de la frontera con Perú. A Machala llegamos tarde y como nadie nos sabía decir donde podía ser buena idea pasar la noche, la pasamos en una gasolinera 24h, estacionados donde dormimos muy bien de nuevo gracias a nuestro ventilador.

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