¡SwissWassi le da la bienvenida a Perú!

Atardecer Swiss Wassi

Atardecer Swiss Wassi

Entrar a Perú, con idea de ir a Tumbes a solicitar una visa en el Consulado de Ecuador, que por lo visto ya no existe desde febrero no tiene precio. Pero como todo en esta vida, no hay mal que por bien no venga.

El cruce de frontera fue hasta ahora el más hermoso. Un edificio enorme, bastante nuevo, donde de una vez sellas salida de Ecuador, entrada en Perú y solicitas la entrada del vehículo. (La salida del vehículo de Ecuador entre semana y en horario de oficina también se hace allí mismo, el resto del tiempo en un edificio que hay antes de llegar a este).

Todo limpio y pulido, de hecho me recordó a Alemania, concretamente porque había bastantes carteles indicando el uso obligatorio del paso de cebra, y en una de esas que crucé por donde mis pies decidieron, en vista de lo desértica que estaba la carretera, me pegaron un pitido y una llamada de atención más propia de un alemán que de un peruano. Sobre todo que luego sales de ahí y te encuentras que casi todo vale…

Lo primero una vez realizados los trámites, con seguro SOAT en mano, era buscar donde quedarnos, en algún lugar cercano a Tumbes, en la costa, ya que deberíamos ir entre semana para resolver la gestión en el Consulado.

Por casualidad, o más bien, por un dibujo de autocaravana que tienen fuera, llegamos al SwissWassi, pasado Zorritos, donde entramos con idea de quedarnos una noche, y pasaron sin darnos cuenta nada más y nada menos que una semana. Es un lugar privilegiado, con acceso directo a la playa, el pedazo de playa más lindo de la zona, ya que lo tienen bien cuidado, y con bellas palmeras, donde hay sitio para campers, siendo hasta ahora el mejor lugar en relación calidad precio, de todo el viaje.

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Lugar regentado por Melba y Jacques, una pareja suizo-peruana, que junto con Dante y la compañía de dos lindos perros, te hacen disfrutar cada rato de la estancia. Tiene aquellas comodidas que siempre necesita uno de vez en cuando y la belleza de estár en el sitio exacto cuidando los detalles, pero manteniendo un aspecto natural del lugar.

Volviendo a los perrros, Goloso, uno de ellos, es de esta raza peruana de perro sin pelo. Yo no había oído hablar de ella, y el primero que vimos, en Mompiche, negro, calvo, con una franja de pelo recio, rubio quemado, como cuando me lo teñí yo de pequeña con agua oxigenada, a lo largo de todo el lomo…. lo primero que pensamos es que se había quemado o estaba enfermo, que cosa más espantosa… Y los pocos que había visto después me seguían dando repelus y poca simpatía. Pero Goloso, cambió mi concepto, fue una reconciliación con esta raza. Es un perro majísimo.

Coincidimos con 6 campers más con los que además de experiencias y consejos de viaje, compartimos varias actividades: baños de barro en unas termas cercanas,

incluyendo baño en piscina caliente con fuego incluido en el anochecer, noche de pizza y peli,

comida arepera al más puro estilo arepistán,

pescado a la parrilla…

Difícil arrancar de aquí, aprovechamos de lavar, poner al día el blog, investigar un poco nuestro itinerario a seguir y disfrutar de la playa.

Entre todas estas, salimos a Tumbes para mi visa, lo cual fue una operación fallida, pero aprovechamos de cambiar las crucetas del cardan delantero del carro y de hacer algo de compra.

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Cuenca, lindo lugar para celebrar el cumpleaños!

 

Iluminados

Iluminados

Cuenca representaba ciudad y  frescor o más bien frío, todo lo contrario a lo que llevábamos viviendo los dos últimos meses. Así que parecía la opción perfecta para pasar mi cumpleaños. Alquilamos dos noches una cabaña… que tiempos hacía de una cama, de un baño propio, y de una cocina protegida de la intemperie!

Si hubiéramos estado en España seguramente hubiéramos ido de camping y al monte, quizá aún fresco para la playa, y en Venezuela hubiéramos ido a la playa, pero de posada, por eso de la seguridad.. La cosa es celebrarlo rompiendo un poco la “rutina”.

Llegamos la tarde del 6, después de atravesar el Parque Nacional de Cajas, y pasar del calor de Guayaquil a más de 4000 metros de altura, para volver a bajar a dos mil y pico… mucho para tan poco rato!

Directos fuimos a un alojamiento que habíamos visto en las guías y en el que una vez vimos la cabaña decidimos quedarnos. Todo un lujo, como me dijo mi hermana, estábamos tirando la casa por la ventana, pero oye no todos los días cumple una años!

Tras instalarnos, fuimos a comprar al mercado, el cual los miércoles multiplica su tamaño ya que vienen a vender ropa del propio Ecuador y de Perú. La experiencia fue bellísima. De pronto encontramos un montón de verdura, de fruta, de especias, de carne… algo que generalmente en el viaje por Ecuador empezaba a ser un poco aburrido, porque por las zonas donde estábamos no había mucho, y si lo había era caro o feo. Y de pronto aquí, todo tan lleno, tan bello, tan colorido, y tan económico que parecía un sueño, o Ainhoa y Fab en el país de las maravillas.

Nos equipamos bien. De fruta y verdura y carne, por fín, lejos de la costa CARNE. Este es mi momento. La salida al mercado nos llevó toda la tarde, así que de regreso a casa, con el frío que trae la altitud en la noche, nos recogimos emocionados en nuestro pequeño hogar. Abandonamos el chalet de dos pisos con porche (el aguacate) por una humilde cabaña de madera. Cenamos de lujo, un pedazo de carne tierna, con un vinito y una buena ensalada.

pequeños placaeres

pequeños placaeres

Amaneció el día de mi cumpleaños adornado por un fabuloso desayuno que me preparó Fabricio, ensalda de frutas con miel y avena y panquecas con la nutella ecuatoriana (que tiene muchísimo nivel) y mermelada de mora, con yogurt líquido de  mora y nuestro café con canela y panela. Con 10 grados más sería lo que mi madre llama: La Perfección.

Vagamos por la cabaña de relax y descanso entre felicitaciones en todos los formatos, hasta que el sol empezó a calentar lo suficiente para animarnos a salir a la calle. Fuimos a recorrer Cuenca, calle va y calle viene, durante todo el día. Fue un día hermoso, en una ciudad hermosa con la mejor compañía, aunque extrañando a la familia claro está…

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Cuenca es una ciudad hermosa, viva, joven, llena de cultura. Tiene un feeling bellisimo. Fuimos a almorzar al mercado, compramos chocolate, y recorrimos todo lo posible. Terminamos el día en la casa, con otra cena de 10, trigueros incluídos, y un bizcocho con pepitas de chocolate, al cual añadimos fresas, nutella y una vela. No hay cumple sin torta 😉

A la mañana siguiente tras aprovechar al máximo la cabaña, salimos a visitar Baños, de donde continuamos camino a Machala, cerca de la frontera con Perú. A Machala llegamos tarde y como nadie nos sabía decir donde podía ser buena idea pasar la noche, la pasamos en una gasolinera 24h, estacionados donde dormimos muy bien de nuevo gracias a nuestro ventilador.

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De paso por Guayaquil

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Nosotros no teníamos mucho interés en pasar por Guayaquil. En un primer momento las ciudades grandes no es lo que buscamos, salvo que puedan tener un interés cultural fuerte, como Cuenca, Quito etc. Guayaquil más bien moderna, e insegura no entraba en nuestros planes. Cuando oíamos hablar de ella a otros ecuatorianos serranos, muchas veces era para advertirnos de los peligros que podríamos encontrar, nos recordaba a la Venezuela que hemos dejado atrás.

Sin embargo, circunstancias de la vida, tuvimos que pasar una noche allá. Una grata sorpresa, ya que pudimos comprobar que nada tiene que ver con el ambiente en Venezuela. Es posible que viviendo allí sean necesarias ciertas precauciones, pero cualquier cosa queda lejos de los niveles de inseguridad y de “desarrollo” de la Venezuela de hoy. No tuvimos tiempo de mucho. Llegamos para ampliar la estancia del carro y de Fabricio, pero acababan de cerrar, por lo que fuimos al Malecón, estacionamos el carro y anduvimos paseando hasta bien entrada la noche. Un malecón muy nuevo, y agradable, hecho para el disfrute de todos, en una ciudad cara pero limpia y ordenada.

Se acercaba la hora de dormir y no teníamos ni una idea de donde podriamos quedarnos. Decidimos probar los bomberos. Más de un viajero nos ha comentado lo de pinga que es dormir en un cuartel de bomberos. Pero no era el lugar adecuado. En Guayaquil, están céntricos y no disponen de demasiado espacio, por lo que no acostumbran a recibir overlanders. Sin embargo, nos dijeron que en esa misma calle no había problema en quedarse, puesto que un par de cuidadores pasan la noche velando por los carros de la zona.

Nos acercamos a hablar con ellos y efectivamente no había problema. Claro que dormimos dentro del carro, el centro de una ciudad no es lugar donde desplegar la carpa de techo… El ventilador de 12v que compramos en Colombia nos salvó de una noche angustiosa de calor, para convertirla en un descanso tranquilo y fresco.

A la mañana siguiente madrugamos para hacer la gestión, en vano, porque por lo visto, sólo podemos hacerla 48h antes de que se acabe nuestro tiempo legal en el país. Divertido cuando uno sólo se ha quedado a dormir para hacer dicho papel… pero bueno como lo poco que paseamos nos sorprendió gratamente compensó el desembolso económico que implica pasar por Guayaquil,15 o 20 dólares en total entre cenar, desayunar, y los parkings precio Europa (se que es poco pero hay que ponerse en nuestro lugar, todos los parámetros cambian!)

¡Arepeate! En Puerto Engabao y Playas

 

Puerto Engabao, como posiblemente se deduzca del post que trata sobre él, es un pueblo pequeño, en el que predominan pescadores y comerciantes. Uno al principio ve el movimiento y piensa que puede ser un buen lugar para vender, gente haber hay. Pero por otro lado, uno siente que esa gente puede no ser tan abierta en un principio a andar probando cosas nuevas…

No era precisamente un ambientes de turistas o heterogéneo. Sin embargo, nos decidimos a probar. Ricky, Ángela, Evelyn y su pareja nos animaron, comieron y las publicitaron. Está bien eso de encontrar gente tan simpatica en los sitios.

La verdad que el ambiente era bien agradable, amigos del resto de vendedores bien rápido, el señor del corviche, el de la piña y la patilla, las otras chicas de las empanadas o el señor del sanduche de chancho asi como de la de la tienda mas cercana, nos sentiamos muy agusto vendiendo en ese tipo de ambiente, un ambiente bien propio y auténtico del lugar. La venta salió buena. Vendimos todo lo que habíamos preparado: carne molida salteada con vegetales y salsa de soya y frijoles negros con queso.

Los demás nos preguntaban por las arepas incluso nos pedían una tortilla de patata para los pescadores del turno de la mañana… volveríamos a vender un día más en Puerto Engabao, pero en el concierto, que fue arriba donde el faro, y fue más bien para las personas que asistieron al concierto.

El día del concierto casi llegamos a las 100 arepas. Ese día fue el primero que incorporamos los camarones a nuestro menú. Comenzamos las ventas con las míticas caraotas (que los venezolanos describen como las de su abuela) y un chopsuey de camarones. Cuando se acabaron preparamos un perico de huevo y posteriormente otras caraotas y un salteado de camarones con tomate, espinacas, cebolla y albahaca. La gente estaba encantada y algo alucinada, ya que cada vez que venían teníamos algo nuevo preparado y bien rico.

Una escena divertida del día: para un carro que está de salida, con un matrimonio y tres niños detrás. Piden una para la madre, se la llevamos, en ese momento de probarla piden otra para el padre, y justo después tres más, con salsas incluídas… Nosotros comentamos para nuestros adentros lo atrevidos que eran dándoles a los niños las arepas tan llenas y con salsa estando los tres atrás en el carro… Finalmente y como no era de extrañar decidieron parar y comerlas tranquilamente antes de seguir viaje. Repitieron.

En Playas, ya una ciudad de cierto tamaño con otro tipo de movimiento, nos pusimos a vender, así como buenos paracaidistas, un domingo sobre las 19h al lado del terminal de buses donde sale todo el mundo de vuelta para Guayaquil después de pasar un fin de semana en la playa. El movimiento allí de gente era exagerado. Lo vimos, íbamos preparados, vimos donde estacionar y allá que fuimos.

Un minuto tardamos en montar el chiringuito y en 5 ya estábamos listos para las ventas. A los 10 minutos, en un sin parar, ya habíamos vendido 12. 5 minutos depués teníamos a los responsables de vía pública del municipio pidiéndonos el permiso…

Permiso que por supuesto ni teníamos ni teníamos idea que había que tener. La verdad que nos disculpamos y nos pidieron que recogiéramos. Pero fueron muy amables. Nos explicaron donde solicitarlo, nos dejaron termianr de vender las que estaban en el fuego y nos dijeron que podíamos ir al lado del parque del skate que allí no nos molestarían. Así que eso hicimos. Estaba claro que en ese parque no nos iban a molestar porque no había nadie que quisiera comprar nada… Nos salvaron un par de amigos muy simpáticos que pasaron por allá y una pareja de colombianos.

Fue una pena no seguir vendiendo cerca de los buses, ya que era una venta buena asegurada. Lo que decidimos, fue para el siguiente fin de semana que además era puente, pedir permiso en el Municipio. Una gestión que se desarrollo de forma rápida y exitosa. Como estamos de paso, turistas con dicho proyecto, nos dieron el apoyo. Sin permiso oficial, sólo de palabra para el fin de semana. Dicho y hecho.

El domingo siguiente estábamos de nuevo en el mismo sitio. Sin embargo habría sólo un tercio de la gente de la otra vez… y es que este fue el fin de semana que anunciaban un fuerte oleaje y por miedo la mayoría no se atrevió a venir. Aún así las ventas fueron muy buenas. Entre vecinos, los vendedores de alrededor que querían saber de la competencia, algún atrevido de regreso a Guayaquil y clientes ganados en el concierto de Puerto Engabao, vendimos todo lo preparado y más!

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Más de 800 arepas vendidas en Mompiche

2015-03-24 13.46.14

¡Salimos de Mompiche con más de 800 arepas vendidas!

No es para nada un mal número. Definitivamente fue el mejor lugar para arrancar con la arepera.

Arepistán evolucionó en Mompiche de la misma manera que los arepistaníes Ainhoa y Fabricio. Cada vez teníamos más clientes fijos, y todos aquellos que llegaban nuevos se enamoraban de nuestras arepas. Daban que hablar en el pueblo, y se esperaban con ganas.

Preparamos de todo tipo de platos, siempre una opción vegetariana, que solían ser frijoles, negros, canarios o blancos de ojo negro, preparados de diferentes maneras. Un plato que repetíamos con frecuencia porque era fuertemente demandado por la gente de allí, además de los vegetarianos. Las alternativas solían ser rellenos basados en pollo: reina pepiada, pollo al curry, ensalada de gallina, chopsuey de pollo; o en pescado: ensalada de cazón y aguacate o rey pepiado, lechuza con salsa de mango y curry, lenguado con salsa de coco, cazón desmenuzado al estilo del pabellón margariteño, chopsuey de lechuza etc.

Otro alimento protagonista de nuestros rellenos fue el señor Huevo. Preparado varias veces en revuelto, desde el clásico Perico venezolano (cebolla, tomate y huevo, todo revuelto con un toque de cilantro), hasta revueltos más elaborados con morcilla, brocolí, plátano maduro etc. Un exitazo rotundo del huevo fueron las tortillitas, tamaño arepa. La clásica de huevo y vegetales, y una de nuestras creaciones estelares, tortilla de plátano maduro con cebolla caramelizada y queso.

Así mismo complementamos estos rellenos con ensaladas de aguacate, queso, tajadas de maduro y nuestras salsas estilo alioli y vinagreta de mostaza siempre con ingrediente secreto que al más puero estilo BigMac no vamos a desvelar.

Las masas siempre acompañando dichos rellenos con originalidad, creatividad y sobre todo, sabor: masas amasadas con zanahoria rallada, ajonjolí, avena, salsa de soya, pimienta, ajo, orégano, plátano maduro rallado, harina de 7 granos, cilantro, comino, pimentón, onoto, crema de cacahuete y un sín fín más de aderezos para la masa, que es una de las claves de nuestro éxito y sobretodo de la personalización del producto que lo categoriza en arepas ÚNICAS, ORIGINALES, y como alguno nos sugiere… GOURMET.

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