Bosque Petrificado de Puyango y Vilcabamba

Bosque Petrificado Puyango

Bosque Petrificado Puyango

El Bosque Petrificado de Puyango se encuentra al sur de Ecuador, a pocos kilómetros de la frontera con Perú. Fue nuestra primera parada de regreso en Ecuador, tras la breve visita a Perú.

El entorno es precioso. Verde tropical, calor húmedo, vegetación frondosa y mucha mucha tranquilidad. Ideal para acampar por cualquier rincón que uno encuentre, como hicimos nosotros, ya que llegábamos comenzando a oscurecer, algo tarde ya para visitar el bosque.

Pernoctando en Puyango

Pernoctando en Puyango

Pernoctando en Puyango

Pernoctando en Puyango

Tras una noche a plena oscuridad, como hacía días que no teníamos, perdidos en mitad de la naturaleza, fuimos a la entrada del bosque, donde además de encontrar unos paneles informativos y varios fósiles, te asignan un guía. La vuelta dura alrededor de una hora caminando por caminos lindos donde podemos encontrar bastantes restos de árboles petrificados por sedimentos fluviales y cenizas volcánicas. Dichos árboles son del cretácico superior o terciario. Es todo un espectáculo.

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Ver un tronco convertido en piedra, o una piedra con forma de tronco es una extraña sensación. El lugar es único.  Y una visita muy recomendable. De Puyango continuamos a Vilcabamba donde esperábamos encontrarnos con Adrián y Silva.

Vilcabamba es conocido como el valle de la longevidad, pues alberga personas de cientos de años. Tiene fama de que quién vive aquí vive mucho. No sabemos si será verdad, ya que sólo permanecimos un par de noches. No sé de donde le vendrá la fama, pero la actual, además de longevidad debe de tener interés obstétrico ya que encontramos muchas mujeres que habían decidido ir a dar a luz a dicho valle, y un cuantioso número de niños, que si bien el valle el longevo, la media de edad debe bajar con tanto crío por todo.

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El ambiente es ese ambiente peculiar que en dos días poco te da para catalogar o hablar. Tenemos por un lado a todos los habitantes de toda la vida, los criollitos. Por otro una panda de gringos, más bien en edad de jubilación, que se te acercan a hablar en inglés, como si estuviésemos en EEUU, o si lo normal y natural es que todos tengamos que hablar inglés pese a estar en un país de habla hispana. Encontramos también muchos extranjeros en busca de una calidad de vida mayor, viviendo y trabajando allí, argentinos, chilenos, españoles, etc. Turistas de paso y un turismo obstétrico como hemos mencionado anteriormente.

El ambiente debe ser de pinga y tiene que tener algo que engancha, pero nosotros no le dimos la oportunidad ya que debíamos estar en Guayaquil para hacer un trámite unos días más adelante. Sin embargo, el fin de semana que estuvimos, estuvimos muy bien, para que engañarnos.

Llegamos un viernes, de fiestas patronales. A mí me parecía estar en mi pueblo! Eso sí, sólo se veía disfrutar de las fiestas a los criollitos. Una pena esa falta de integración. Nos encontramos rápido con Adrián y Silva quienes nos recomendaron lugar donde acampar, y una vez más fuimos vecinos. El lugar elegido era un parque, donde se podía parquear y con baños públicos. Un lujo, salvo porque la primera noche, estábamos al lado de la rumba nocturna de las fiestas, lo que comúnmente en mi pueblo llamamos “el baile”. La verdad que como andábamos algo cansados, nos dormimos sin mucho pesar y sólo nos despertamos cuando tres adolescentes masculinos se pusieron a cantar Pimpinela a plena voz de borracho… menos mal que el momento super star les duró poco.

Pasamos el sábado de relax, disfrutando del buen tiempo diurno, y de pequeños apaños que teníamos que hacer, con nuestra perrita Atuk.

El último día, antes de continuar camino a Loja, nos fuimos a pasear un poco por el Parque Nacional Podocarpus. Fue la primera excursión de la pequeña Atuk, quién los ratos que caminó se entregó por completo, por lo que los combinó con otros ratos en los que dormía en nuestros brazos. El Podocarpus, al menos lo poco que vimos es un lugar maravilloso, lindo para caminar y pasear.

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Ese día dormimos en un parque en Loja de nuevo con Adrián y Silva, de quienes a la mañana siguiente nos despedimos, ya que ellos continuaban hacia el sur, y nosotros hacia el norte.

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Grandes amigos del camino.

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Cuenca, lindo lugar para celebrar el cumpleaños!

 

Iluminados

Iluminados

Cuenca representaba ciudad y  frescor o más bien frío, todo lo contrario a lo que llevábamos viviendo los dos últimos meses. Así que parecía la opción perfecta para pasar mi cumpleaños. Alquilamos dos noches una cabaña… que tiempos hacía de una cama, de un baño propio, y de una cocina protegida de la intemperie!

Si hubiéramos estado en España seguramente hubiéramos ido de camping y al monte, quizá aún fresco para la playa, y en Venezuela hubiéramos ido a la playa, pero de posada, por eso de la seguridad.. La cosa es celebrarlo rompiendo un poco la “rutina”.

Llegamos la tarde del 6, después de atravesar el Parque Nacional de Cajas, y pasar del calor de Guayaquil a más de 4000 metros de altura, para volver a bajar a dos mil y pico… mucho para tan poco rato!

Directos fuimos a un alojamiento que habíamos visto en las guías y en el que una vez vimos la cabaña decidimos quedarnos. Todo un lujo, como me dijo mi hermana, estábamos tirando la casa por la ventana, pero oye no todos los días cumple una años!

Tras instalarnos, fuimos a comprar al mercado, el cual los miércoles multiplica su tamaño ya que vienen a vender ropa del propio Ecuador y de Perú. La experiencia fue bellísima. De pronto encontramos un montón de verdura, de fruta, de especias, de carne… algo que generalmente en el viaje por Ecuador empezaba a ser un poco aburrido, porque por las zonas donde estábamos no había mucho, y si lo había era caro o feo. Y de pronto aquí, todo tan lleno, tan bello, tan colorido, y tan económico que parecía un sueño, o Ainhoa y Fab en el país de las maravillas.

Nos equipamos bien. De fruta y verdura y carne, por fín, lejos de la costa CARNE. Este es mi momento. La salida al mercado nos llevó toda la tarde, así que de regreso a casa, con el frío que trae la altitud en la noche, nos recogimos emocionados en nuestro pequeño hogar. Abandonamos el chalet de dos pisos con porche (el aguacate) por una humilde cabaña de madera. Cenamos de lujo, un pedazo de carne tierna, con un vinito y una buena ensalada.

pequeños placaeres

pequeños placaeres

Amaneció el día de mi cumpleaños adornado por un fabuloso desayuno que me preparó Fabricio, ensalda de frutas con miel y avena y panquecas con la nutella ecuatoriana (que tiene muchísimo nivel) y mermelada de mora, con yogurt líquido de  mora y nuestro café con canela y panela. Con 10 grados más sería lo que mi madre llama: La Perfección.

Vagamos por la cabaña de relax y descanso entre felicitaciones en todos los formatos, hasta que el sol empezó a calentar lo suficiente para animarnos a salir a la calle. Fuimos a recorrer Cuenca, calle va y calle viene, durante todo el día. Fue un día hermoso, en una ciudad hermosa con la mejor compañía, aunque extrañando a la familia claro está…

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Cuenca es una ciudad hermosa, viva, joven, llena de cultura. Tiene un feeling bellisimo. Fuimos a almorzar al mercado, compramos chocolate, y recorrimos todo lo posible. Terminamos el día en la casa, con otra cena de 10, trigueros incluídos, y un bizcocho con pepitas de chocolate, al cual añadimos fresas, nutella y una vela. No hay cumple sin torta 😉

A la mañana siguiente tras aprovechar al máximo la cabaña, salimos a visitar Baños, de donde continuamos camino a Machala, cerca de la frontera con Perú. A Machala llegamos tarde y como nadie nos sabía decir donde podía ser buena idea pasar la noche, la pasamos en una gasolinera 24h, estacionados donde dormimos muy bien de nuevo gracias a nuestro ventilador.

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De paso por Guayaquil

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Nosotros no teníamos mucho interés en pasar por Guayaquil. En un primer momento las ciudades grandes no es lo que buscamos, salvo que puedan tener un interés cultural fuerte, como Cuenca, Quito etc. Guayaquil más bien moderna, e insegura no entraba en nuestros planes. Cuando oíamos hablar de ella a otros ecuatorianos serranos, muchas veces era para advertirnos de los peligros que podríamos encontrar, nos recordaba a la Venezuela que hemos dejado atrás.

Sin embargo, circunstancias de la vida, tuvimos que pasar una noche allá. Una grata sorpresa, ya que pudimos comprobar que nada tiene que ver con el ambiente en Venezuela. Es posible que viviendo allí sean necesarias ciertas precauciones, pero cualquier cosa queda lejos de los niveles de inseguridad y de “desarrollo” de la Venezuela de hoy. No tuvimos tiempo de mucho. Llegamos para ampliar la estancia del carro y de Fabricio, pero acababan de cerrar, por lo que fuimos al Malecón, estacionamos el carro y anduvimos paseando hasta bien entrada la noche. Un malecón muy nuevo, y agradable, hecho para el disfrute de todos, en una ciudad cara pero limpia y ordenada.

Se acercaba la hora de dormir y no teníamos ni una idea de donde podriamos quedarnos. Decidimos probar los bomberos. Más de un viajero nos ha comentado lo de pinga que es dormir en un cuartel de bomberos. Pero no era el lugar adecuado. En Guayaquil, están céntricos y no disponen de demasiado espacio, por lo que no acostumbran a recibir overlanders. Sin embargo, nos dijeron que en esa misma calle no había problema en quedarse, puesto que un par de cuidadores pasan la noche velando por los carros de la zona.

Nos acercamos a hablar con ellos y efectivamente no había problema. Claro que dormimos dentro del carro, el centro de una ciudad no es lugar donde desplegar la carpa de techo… El ventilador de 12v que compramos en Colombia nos salvó de una noche angustiosa de calor, para convertirla en un descanso tranquilo y fresco.

A la mañana siguiente madrugamos para hacer la gestión, en vano, porque por lo visto, sólo podemos hacerla 48h antes de que se acabe nuestro tiempo legal en el país. Divertido cuando uno sólo se ha quedado a dormir para hacer dicho papel… pero bueno como lo poco que paseamos nos sorprendió gratamente compensó el desembolso económico que implica pasar por Guayaquil,15 o 20 dólares en total entre cenar, desayunar, y los parkings precio Europa (se que es poco pero hay que ponerse en nuestro lugar, todos los parámetros cambian!)

¡Verde que te quiero verde!

Platano verde - Arepistan - gastronomía Ecuador

Plátanos verdes a la venta en el mercado de Playas – Villamil – Guayas – Ecuador

Es lo que deben exclamar la mayoría de los ecuatorianos cuando ven un racimo de plátanos verdes (De esos que se usan para cocinar) y es que no sabía que podría ser una materia prima tan versátil como lo hemos podido ver aquí en Ecuador, donde, al menos en la costa, me atrevería a decir que, después del arroz, es la segunda fuente de carbohidratos en la dieta diaria.

En Venezuela normalmente el plátano verde se utiliza para hacer tostones, unas rodajas de plátano verde fritas y aplastadas para hacerlas crujientes y también, sobre todo en las regiones andinas, se suele cocer para ser servido en lugar del pan para acompañar sopas o incluso dentro de las mismas, están también los famosos “patacones pisados” del Zulia, pero aparte de eso podemos decir que la cosa queda allí, dicho esto, un poco lo que son mis nociones sobre el uso de este ingrediente, puedo afirmar que en la costa Ecuatoriana el nivel de aprovechamiento del plátano verde es de primera división.

Nuestro primer encuentro con el plátano verde fue con el “Bolón” los cuales pueden estar rellenos con carne de cerdo, pollo, res, chorizo y con queso siendo estos últimos los más comunes. Consiste en pre-cocer trozos de plátano verde bien sea en agua o en aceite, luego retirarlos del fuego hacerlos una masa semi aglutinada en las que se coloca el relleno y se les da forma de bolas. Me parecieron unas bolas hechas a partir de muchos tostones, estas se meten de nuevo a freír para hacerlas más crujientes. Los mejores los hemos comido en Mompiche, donde la Sra. Rosa, en el restaurante del hostal el Kiwi, la verdad que tienen la fama bien ganada. Son muy comunes en los desayunos acompañados de un par de huevos fritos, un verdadero desayuno de campeones.
Bolon con huevo para el desayuno

Bolon con huevo para el desayuno

Luego probamos la “Empanada de Verde”. Las hemos comido tanto fritas como a la plancha, para hacer la masa, muelen el plátano verde y sacan una masa pastosa en la que añaden agua (según vean necesario) y sal, queda una masa estupenda, de buen color y muy maleable, la estiran y le dan la forma a la empanada colocando la misma variedad de rellenos que en el bolón. Están buenísimas.
El rey de la costa es sin duda el “Corviche”, la masa es de plátano verde rallado y pasta de maní, y se sirve frito, la forma se asemeja más a la de un tamal, la textura es muy distinta a la de la empanada porque el plátano al estar rallado en lugar de molido queda más crocante al freírse. Los rellenos suelen ser mariscos o pescado, y por 50 centavos de dólar, son sin duda, la mejor alternativa a un ataque de hambre repentino entre comidas, o al que sigue a un par de horas de surf.
Corviches y bolones a la venta en Playas - Villamil - Guayas - Ecuador - Gastronomia Ecuador - Arepistan

Corviches y bolones a la venta en Playas – Villamil – Guayas – Ecuador

Para terminar nos queda el “Tigrillo” o “Majado” otro desayuno de campeones. Aún no lo hemos probado, pero cuando la gente lo describe, se le puede ver verdaderamente conmovida y con ganas de comerse uno en ese mismo momento, es un revuelto de huevos con sofrito (a base de cebolla, pimenton, tomate y un toque de cilantro) como lo es “El Perico” de Venezuela y Colombia, pero este en cambio tiene una base de plátano verde rallado y frito antes del resto del sofrito. Cuando veamos uno lo probamos y les comentamos.
Tigrillo - ¡Por fin lo probamos! en Machala - El Oro - Ecuador - Gastronoía Ecuador - Arepistán

Tigrillo – ¡Por fin lo probamos! en Machala – El Oro – Ecuador

Además de estos usos, el plátano verde es también procesado a nivel industrial para hacer harina, la cual nos hemos acostumbrado a usar durante el viaje con muy buenos resultados cuando hemos querido hacer panquecas e incluso galletas, en Ecuador se usa como harina y también para preparar batidos o coladas ,como  llaman aquí a los atoles, a base de esta harina y leche.
Recomendamos a los viajeros hacerse de un racimo de plátanos verdes y lo lleven en algún lugar fuera del carro, es mucho lo que se puede hacer con ellos y son aprovechables, tanto cuando están verdes, como cuando están maduros, además es algo que pueden compartir con otros viajeros o con la gente de los sitios, quienes siempre los agradecen. Un racimo de plátanos de unos 15 kilos en total suele costar entre 1,5$ y 2$ lo que lo hace también un alimento muy económico. Suelen venderlos en las carreteras y como el resto de las cosas en Ecuador, el precio estará sujeto a las ganas de regatear que se tengan. Nosotros siempre llevamos uno y estamos sumamos al espíritu ¡verde… que te quiero verde!

PUERTO ENGABAO, PARAISOS DEL ECUADOR

1.Puerto Engabao (27)

Saliendo de Montañita para la costa sur sin tener nada claro donde nos pararíamos terminamos llegando a Puerto Engabao, gracias a una buena sugerencia de la pareja de suizos de los que fuimos vecinos unos días en Mompiche.

La acogida no pudo ser mejor. Llegamos al pueblo donde muere la carretera, pareciera aquello un pueblo fantasma entrada la noche, momento en el que estábamos llegando. Cuando de pronto, al bajar la cuesta que lleva al mar, aparecen decenas y decenas de pescadores y comerciantes de pescado, en un ir y venir de cajas llenas de pequeños peces. Y es que la actividad pesquera de este pueblo es muy fuerte, y una de las horas de llegada de los pescadores es sobre las 8 de la tarde, por lo que hasta más o menos las 10, la actividad en el puertito es extrema.

Ya nada más llegar un señor que se hace llamar el chino, nos da la bienvenida y nos informa que podemos quedarnos tranquilos en alguna de las cabañas que hay más adelante a pie de playa puesto que la mayoría están cerradas ahora en temporada baja. Vamos para allá, dejamos el coche estacionado y de nuevo volvemos al ajetreo del puerto. Allí el chino nos presenta a Ricky y Ángela, con quienes de una vez nos sentamos a tomar una cerveza y entablamos rápido buenas migas.

Ricky, venezolano que lleva media vida en Ecuador, regenta uno de los primeros hostales que se abrieron en Montañita, cuando Montañita era otra cosa. Ambos increíblemente simpáticos y atentos, nos invitaron a parquearnos en el terrenito donde están construyendo su pequeña casa, frente al mar. Y allí hemos pasado más de una semana.

Puerto Engabao es un pueblo muy lindo. Tiene una punta de la que sale una ola derecha prácticamente todos los días del año, una ola muy linda y suaves, ideal para aprender y para los que saben. Encima de la punta, un farito blanco y rojo que da un toque romántico al sol cuando al atardecer decide regresar a casa tras dicho faro. Una calle principal con modestos alojamientos y pequeñas tiendecitas, varias casas regadas en construcción o casi terminadas frente al mar, como la de Ricky, y sobre todo una gente espléndida, abierta, amable y cálida.

Es un buen sitio muy cerca de Playas, y por tanto también de Guayaquil. Los días nos dieron para practicar un poco el tema del surf, vender arepas en la zona pesquera, compartir con Ricky y Ángela, descansar, desconectar, relajarnos, disfrutar del lugar, trabajar un poquito con el ordenador, vamos lo que nosotros entendemos como la buena vida.

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Visitamos El Pelao, de camino a Playas, un lugar bien solitario al menos cuando nosotros fuimos, con un toque paraguanero que fue lugar de una buena comida a pie de playa con vino incluido.

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El viernes 1 de mayo, hubo un concierto de varios grupos, reivindicando un Puerto Engabao libre. Pareciera ser que Fabricio Correa, hermano del presidente, aparece por allá reclamando más de 300 hectáreas que afirma son suyas tras una compra que realizó como supuestamente unos papeles demuestran. La comuna de Engabao desconfía de lo que pueda llegar y reclaman que esas tierras ancestrales pertenecen a la comuna desde que así lo reconoció el Ministerio de Agricultura. Pero debe ser fuerte el proyecto turístico que tiene Fabricio Correa pensado para Puerto Engabao, porque la presión es fuerte y aun no se ha resuelto el asunto.

Después de ver ese lugar y su potencial sentimos tremenda pena por pensar que puede terminar convirtiéndose en una especie de resort que tan poco me gustan, para unos pocos, y bajo el domino de uno solo, cuando lo que le toca a ese bello pueblo de linda gente es sacarlo adelante y explotarlo ellos mismos.

Nosotros en el concierto fuimos los únicos vendedores por lo que sobra decir que nos fue re-bien! Preparamos en directo varios rellenos conforme se iban acabando los anteriores. La gente una vez más contenta con nuestras arepas!

Para ese día y el resto del fin de semana  daban un swell bien fuerte, las olas en Puerto Engabao pasaron a ser para “profesionales” así que nosotros nos fuimos a Playas donde son más suaves.

Resultó ser verdad que Playas tiene 9 maravillosas puntas, y el fin de semana hubo un oleaje perfecto para nosotros por lo que disfrutamos de lo lindo en nuestro continúo aprendizaje.

Vendimos arepas en Playas, pero los detalles se quedan para un post en la sección de Arepistán.